Némesis

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-Sí, Mario Hugo, ahorita le digo a Juanín.

Perry entró por la ventana de su habitación con una facilidad que habría resultado sospechosa para cualquier persona normal. Cerró la ventana detrás de él, se quitó el fedora y lo dejó cuidadosamente sobre el escritorio antes de mirar el teléfono que todavía sostenía en la mano. Su ropa estaba bastante desordenada después de la misión y se notaba que no había tenido precisamente un viaje tranquilo de regreso a casa, pero Perry parecía mucho más preocupado por la conversación que por su propio estado.

Dejó el teléfono sobre la mesa.

Lo tomó nuevamente casi de inmediato.

-Aló, Juanín. Dice Mario Hugo que están varados en el centro y que les mandes un radiotaxi o algo para que puedan regresar al canal. ¿Qué? ¿Cómo que no? Juanín, yo no puedo ir por... -Perry hizo una pausa y cerró los ojos, claramente intentando mantener la paciencia-. Ay, ahorita hablo con Tulio. Sí. No, no les voy a dejar ahí. Bueno, luego te llamo.

Colgó.

Perry respiró profundamente y se dejó caer sobre la silla.

Su cuerpo protestó inmediatamente.

Hizo una pequeña mueca, pero la ignoró.

Después de todo, tenía cosas más importantes que hacer.

Volvió a revisar el teléfono, buscando otro contacto.

En ese momento, la puerta de la habitación se abrió.

-¡Perry!

Phineas apareció cargando una bandeja de comida, seguido de Ferb, que llevaba un vaso y algunos cubiertos.

-Te trajimos esto -dijo Phineas.

Perry levantó la mirada.

-Ahorita te llamo, Juanín.

Phineas se quedó inmóvil.

-¿Sigues hablando con él?

-Sí.

-¿Desde cuándo conoces a tanta gente?

Perry guardó el teléfono por un instante.

-Desde hace tiempo.

Los dos hermanos dejaron la bandeja sobre el escritorio.

Fue entonces cuando se dieron cuenta de algo.

Phineas dejó de sonreír.

Ferb también observó a Perry con mayor atención.

La misión no había terminado precisamente bien.

Perry tenía varios moretones, algunos rasguños y algunas heridas que todavía necesitaban atención. Había señales claras de que había tenido una pelea bastante intensa, además de algunas marcas causadas por el equipo que había tenido que utilizar durante la misión. No era algo que pareciera ponerlo en peligro inmediato, pero definitivamente tampoco era el tipo de estado en el que alguien debería estar caminando por la casa como si nada hubiera ocurrido.

Y, sin embargo, Perry estaba sentado frente a ellos hablando por teléfono sobre unos conocidos que se habían quedado varados en el centro.

Como si no acabara de regresar de una misión.

Como si su cuerpo no estuviera pidiendo descanso.

Como si aquello fuera un martes cualquiera.

Perry levantó una ceja al notar que ambos seguían mirándolo.

-¿Qué me ven?

-N-nada -respondió Phineas rápidamente.

Perry entrecerró los ojos.

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