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Cuando uno piensa en su muerte, piensa en el juicio del cielo, en el infierno o simplemente en que ya no hay nada después.
Yo también había pensado en eso alguna vez.
Pero, al parecer, para mí no fue así.
Lo último que recuerdo fue mi sangre y una navaja.
Después de eso...
Nada.
No hubo luces.
No hubo ángeles.
No hubo una voz diciéndome que había llegado mi hora.
Simplemente dejé de sentir.
Hasta que...
Abrí los ojos.
Parpadeé varias veces, confundida.
Lo primero que vi fue un techo blanco que no reconocía.
Me quedé completamente quieta durante unos segundos, intentando recordar dónde estaba.
¿Hospital?
¿Algún lugar después de la muerte?
Me incorporé de golpe y miré a mi alrededor.
La habitación era bastante grande. Había una cama individual en el centro, un armario de madera contra una de las paredes, un escritorio junto a una ventana y varias cajas apiladas en una esquina.
También había fotografías.
Muchas fotografías.
Fruncí el ceño.
Nada de aquello me resultaba familiar.
Mi habitación no era así.
De hecho...
Esta no era mi habitación.
Me levanté lentamente de la cama.
Mis piernas temblaban un poco y tuve que apoyarme en el colchón para no perder el equilibrio.
Miré mis manos.
Eran...
¿Más pequeñas?
Las giré varias veces, observando mis dedos.
-¿Qué...?
Me llevé una mano al pecho.
Mi corazón estaba latiendo.
Rápido.
Muy rápido.
-Estoy viva...
La frase salió de mi boca en un susurro.
Me quedé congelada.
No.
Eso no era posible.
Recordaba perfectamente lo que había ocurrido.
La sangre.
La navaja.
El dolor.
Mi último pensamiento.
Mi muerte.
Entonces escuché unos golpes en la puerta.
Tres golpes suaves.
Me giré rápidamente.
-¿Luz?
No respondí.
-Luz, baja ya. Está listo el desayuno y no podemos llegar tarde el primer día de clases.
KAMU SEDANG MEMBACA
VIDA
Fiksi PenggemarCuando uno muere piensa que descansa.... Y si eso no pasará
