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CAPITULO 01: ENTRE MUNDOS

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Muchos no creen en la existencia de otros mundos.
Creen que este es el único que existe, que más allá de lo que nuestros ojos pueden ver no hay nada.

Que las estrellas son simplemente estrellas.
Que las historias sobre criaturas mágicas, reinos ocultos y seres que parecen imposibles no son más que cuentos inventados para entretener a los niños.
Yo también lo creía.

Durante toda mi vida pensé que mi mundo era el único que existía.
Mi mundo.

Un mundo donde las personas nacían, crecían, estudiaban, trabajaban y morían sin imaginar que, mucho más allá de lo que podían ver, existía algo completamente diferente.

Un lugar donde la magia no era una fantasía.
Donde las criaturas de las leyendas eran reales.

Donde existían pueblos y reinos que los humanos jamás habían conocido.
Y donde, mucho antes de que yo pudiera siquiera pronunciar una palabra, mi destino ya había sido decidido.

Pero yo no sabía nada de eso.
No sabía quién era.
No sabía de dónde venía.

No sabía por qué había sido separada de mi verdadera familia.
Y mucho menos sabía que algún día tendría que regresar.

Pero todo cambió aquella noche.
Aunque, pensándolo bien...
todo comenzó el día que nací.
—Kall... ya no puedo más. Ya es hora —dijo ella con la respiración agitada.

—Lo sé, pero necesito que resistas un poco más —respondió él con voz suave, intentando mantener la calma.
—No... no puedo.
Su respiración se volvió más pesada.

—Ya es hora. Va a nacer.
Kall la observó con preocupación.
Aquel lugar ya no era seguro.

Podían escuchar sonidos provenientes del exterior. Gritos lejanos, criaturas corriendo y, de vez en cuando, un fuerte estruendo que hacía temblar las paredes.

La guerra se acercaba.
—Debemos llevarla —continuó ella—. Es la única forma de salvarla... y de salvarnos a todos.

—No.
Kall negó con la cabeza.
—Tiene que existir otra solución. Solo necesitamos un poco más de tiempo.
—No tenemos más tiempo.

Ella lo miró fijamente.
Su voz estaba cansada, pero había una determinación que no dejaba lugar a dudas.
—Debemos hacerlo.
Kall guardó silencio.

Sabía que ella tenía razón.
Habían pasado demasiado tiempo intentando encontrar otra solución
Pero ahora la oscuridad estaba demasiado cerca.

El mundo que conocían comenzaba a caer.
Los territorios que durante generaciones habían vivido en paz estaban siendo atacados. Algunas aldeas habían desaparecido por completo y otras apenas conseguían resistir.

Y mientras todo aquello sucedía...
una niña estaba a punto de nacer.
Kall tomó la mano de ella.

—Está bien...
Respiró profundamente.
—Intentaré conseguirles el tiempo suficiente para que tú y Kalie puedan llegar al portal.

Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Está bien... pero prométeme que regresarás.

Kall acercó su rostro al de ella.
—Sí, mi amor. Te prometo que regresaré.
Acarició suavemente su mejilla.
—Eres mi todo... y te amo.
Ella sonrió entre lágrimas.
—Y tú eres mi todo.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
Entonces un fuerte llanto rompió el silencio.
El llanto de un bebé.
Una niña acababa de llegar al mundo.
Kall se quedó inmóvil.

Por un momento, todo lo demás pareció desaparecer.
La guerra.
El miedo.
La oscuridad.

Solo existía aquella pequeña vida.
Pero aquella niña no era como las demás.
Su nacimiento no era un acontecimiento cualquiera.

La Última AuroraMga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon