prólogo

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Narra Keila

Estábamos comiendo en un restaurante después de haber pasado el día en el parque de diversiones. En teoría, debía haber sido una salida divertida para todos, especialmente para mí, porque iba a disfrutar de un día entero con mi novio, Lee Donghae.

Sin embargo, la realidad había sido completamente diferente.

Desde que llegamos al parque, Donghae había estado con su mejor amiga en todas las atracciones. Se había subido con ella a la montaña rusa, a los juegos mecánicos y hasta a las atracciones más pequeñas, mientras yo me quedaba atrás, esperando mi turno para poder participar en algo.

Lo peor era que ni siquiera podía decir que había sido culpa de su mejor amiga. También estaban sus amigos, quienes ocupaban los lugares antes de que yo pudiera acercarme, dejándome siempre para el final.

Y Donghae... él simplemente parecía no darse cuenta.

Ni siquiera se había preocupado por preguntarme si estaba disfrutando del día o si me encontraba bien después de pasar tanto tiempo bajo el sol.

Por eso, mientras todos comíamos, me mantuve en silencio. Ya no tenía ganas de insistir para que mi novio me prestara atención. Estaba cansada de sentir que tenía que competir con los demás por un poquito de su tiempo.

Después de terminar mi comida, me levanté de la silla y tomé suavemente la mano de Donghae.

Él estaba conversando animadamente con sus amigos y su mejor amiga, riéndose de algo que acababan de decir.

-Amor, voy al baño -le avisé con una pequeña sonrisa.

Donghae ni siquiera volvió el rostro para mirarme. Se limitó a hacer un gesto distraído con la mano, como si quisiera decirme que estaba bien y que podía irme.

Eso fue todo.

Ni un beso, ni una mirada, ni siquiera un simple «está bien, princesa».

Solté su mano despacio y recogí mi bolso antes de alejarme de la mesa.

Mientras caminaba hacia los baños, sentí una presión desagradable en el pecho. No quería llorar por algo que, probablemente, él consideraría insignificante, pero me dolía mucho que la persona que supuestamente más me quería pudiera ignorarme con tanta facilidad.

Entré al baño y me apoyé frente al lavabo.

-Qué día tan maravilloso, Keila... -murmuré con ironía, mirándome en el espejo.

Intenté sonreír, pero no pude.

Me quedé unos segundos observando mi reflejo, recordando cada momento del día. Las veces que había intentado acercarme a Donghae para tomarle la mano, las ocasiones en que había querido subir a una atracción con él y cómo siempre terminaba escuchando que ya tenía un lugar ocupado junto a su mejor amiga.

No estaba pidiendo que se olvidara de sus amigos por mí.

Tampoco quería prohibirle que pasara tiempo con otras personas.

Solo quería sentir que yo también era importante para él.

¿Acaso era demasiado pedir?

Suspiré y abrí el grifo. Me lavé las manos y después me refresqué el rostro con un poco de agua fría, intentando despejarme y disimular la tristeza que comenzaba a reflejarse en mis ojos.

No iba a permitir que una salida arruinara mi día por completo.

Al menos, eso intentaba convencerme.

Después de secarme cuidadosamente, recogí mis cosas y salí del baño. Regresé al restaurante pensando que, cuando llegara a la mesa, Donghae finalmente se daría cuenta de mi ausencia.

La Salida Perfecta Stories to obsess over. Discover now