Prólogo

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Cuando el destino de dos personas está escrito, no existe tiempo ni distancia capaz de impedir que sus caminos se crucen. Todo ocurre como un hilo rojo atado al extremo de sus dedos: invisible, infinito a simple vista, pero tan firme que puede unir dos almas para siempre.

Margaret y Dujarbin eran la prueba viviente de ello. No eran más que dos desconocidos con miedo a encontrarse.

No parecía haber motivo alguno para que sus vidas coincidieran; la posibilidad de un encuentro entre ambos rozaba lo imposible. Pero para el destino lo imposible nunca ha sido un obstáculo. Basta con mover una sola pieza en su tablero de ajedrez para ejecutar el jaque perfecto.

Él sabía cuánto necesitaba Margaret a Dujarbin, y cuánto lo necesitaba él a ella. Por eso apostó su jugada maestra sobre aquellas dos almas que, sin saberlo, llevaban demasiado tiempo buscándose.

Así comenzó a tejer el hilo rojo que ambos aún ignoraban poseer, pero que muy pronto terminaría por acercarlos.

"Dicen que toda órbita tiene un perihelio. Quizá por eso nunca le tuve miedo a la distancia; porque, tarde o temprano, el universo siempre encuentra la forma de volver a acercarnos."

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