La oscuridad es una antigua acompañante, a pesar de llevar tiempo a mi lado todavia no me acostumbro a su frialdad que, sin apenas percibirla me cala cada uno de los huesos. Aunque, de algun modo, queria zafarme de su oscuro y frio abrazo, seguia ejerciendo control sobre mi, seguia sujetando con firmeza todo mi cuerpo impidiendo que mi voz se liberara en las tinieblas que me ahogaban. No podia moverme. El vacio me habia reclamado, era suya.
Quiero despertar
No quiero permanecer sola en la penumbra
¡Despierta!
¡Despierta!
¡¡Despiertaaaaaaa!!
Grite, buscando desesperadamente el control sobre mi cuerpo, pero este estaba perdido, lejos de los limites a donde podia llegar mi conciencia. Como era de esperar no haye ninguna reaccion, ninguna respuesta. Todo a mi alrededor permanecia oculto, en un silencio profundo y perturbador en el cual se perdia toda suplica.
Sin esperanza, sin respuesta...
Deberia rendirme... Ya no recuerdo cuantas veces llevo intentandolo.
Perdi la nocion del tiempo.
Como hacia tiempo habia perdido cada parte de mi cuerpo, cada fragmento en mi mente...
Intente apretar los puños, intentaba dirigir mi sangre por las venas. Queria, aunque fuera, sentir la punzada del dolor, el sentimiento que se despierta tras clavar las uñas contra la carne.
Sentia un leve cosquilleo en las palmas, ahora se sentian mas calientes, el olor a oxido llenaba mi olfato mientras el calor lacerante no paraba de extenderse por mis venas.
Segui presionando, luchando por no volver a perder la conexion. Podia notar de nuevo mis latidos, ahora con renovado vigor. La chispa de vida destelleo en mis venas, consiguiendo asi ponerlo de nuevo en marcha, aunque solo fuera por breves instantes. Apenas estaba empezando a responder.
Mis ojos lo acompañaron abriendose por completo. La blanquecina luz me cegó.
Aun asi no los volveria a cerrar, tenia panico a que la oscuridad me atrapara de nuevo por completo.
A los minutos mis ojos ya se habian aclimatado a aquella luz blanca, mis pupilas podian ahora distinguir mejor lo que me rodeaba.
Varios cableados trepaban hasta por debajo de las sabanas blancas en mi camilla, las cuales me cubrian hasta llegar al pecho.
Me incorpore y observe aquella habitacion solitaria de hospital. Me costaba mantener la mirada fija en un solo lugar ya que sus tonos neutros hacian no poder distinguir una cosa de otra.
Estoy sola de nuevo.
En este lugar extraño a quien puedo preguntar por las respuestas que busco?
Porque no hay nadie quien este a mi lado?
Los latidos se accidentaban cada vez mas, miraba cada lugar tratando de reconocer algun olor, algun objeto, una señal... Una pequeña caja esmeralda adornada de un lazo rojo sobre la mesilla despertó mi curiosidad.
La puerta se abrio repentinamente con violencia, asustandome mas de lo que ya estaba. Una enfermera corria hacia mi preocupada. Su rostro tenia una belleza angelical y su cabello dorado estaba recogido en un moño perfectamente ceñido, el cual realzaba todavia mas sus simetricas y luminosas facciones.
Se percató - Veo que porfin despierta señorita Alfiva... Que alegria.
Su amablilidad se dibujo de pronto en su amplia sonrisa.
- Me llamo Alfiva... - dije confundida para mi misma.
- Se sentira algo confundida, dejeme decirle que eso es completamente normal y estamos aqui para ayudarle... Señorita Alfiva debo decirle que lleva años en coma, ahora mismo debo avisar al doctor, vendre en breve. Debemos hacerle pruebas.
- No se vaya... - las palabras recorrieron mi garganta casi por inhercia.
- Necesita alguna cosa?
Negue sin apartar la mirada de ella.
- Sabe si tengo familia?
Mi pregunta la dejo un poco descompuesta y aparto la mirada, buscando las palabras indicadas para responderme.
Tenía la garganta seca y, aun así, tragué la poca saliva que me quedaba, preparándome para escuchar lo peor.
- Lo siento... Tengo que irme... El doctor te explicará lo que deseas saber - la enfermera me dio la espalda y se marchó hacia la puerta.
- ¡Espera! Necesito saberlo... aunque sean malas noticias.
La joven se paró frente a la puerta y giró el cuerpo para mirarme.
- ¿Lo recuerda?
- Sí, recuerdo algunas escenas, pero muchas son borrosas... Necesito saberlo - le mentí, sabiendo que lo que pudiera decirme podía perjudicarme. Aun así, me arriesgué.
- Sus padres no sobrevivieron al accidente. Al sacarla a usted del coche... - se enmudeció de golpe, como si las palabras no pudieran salir de su boca.
Salió de la habitación sin terminar la frase.
Nadie podría estar preparado para asimilar la muerte de unos padres, y mucho menos saber que era la única superviviente. Lo más trágico era que no los recordaba: ni sus nombres, ni sus rostros, ni cómo eran sus voces, ni siquiera su aroma habitual, ese que los diferenciaba del resto.
Quién me diría que abrir los ojos me haría sentir igual de sola y vacía que cuando estaba sumida en la fría oscuridad. Nadie podría ayudarme a recuperar aquellos momentos que mi mente había borrado.
Volví a sentir los latidos de mi corazón golpeando con violencia. La opresión se apoderó de mi pecho, haciendo que me costara respirar a pesar de tener la cánula nasal.
Las lágrimas surcaban mi rostro mientras mantenía la mirada fija en la pared, cautiva de los pensamientos maliciosos que se arremolinaban en mi mente.
Al poco tiempo vino el médico y tuvo que administrarme tranquilizantes. Al marcharse, pude escuchar detras de la puerta cómo le echaba la bronca a la enfermera por haberse ido de la lengua. Quería defenderla, pero mi cuerpo estaba tan relajado que volví a no tener el control sobre él. Solo podía cerrar los ojos, esperando poder volver a abrirlos.
Al cabo de un mes, comencé a caminar por mi cuenta. La rehabilitación diaria había dado sus frutos y, poco a poco, mi cuerpo recuperaba la fuerza que creí perdida. A ratos paseaba por los pasillos del hospital, intentando echar una mano a las enfermeras o, simplemente, buscando su compañía para conversar. Me sentía profundamente agradecida por el trato que me brindaban, especialmente por aquella primera enfermera a la que vi nada más despertar.
Estaba dando uno de mis paseos matutinos por los silenciosos pasillos cuando, al pasar junto a la puerta que daba a la pequeña sala de pediatría, un llanto agudo llamó mi atención. Algo me decía que entrara y calmara al bebé. Sin pensármelo dos veces, me acerqué al hombre que estaba desesperado intentando que dejara de llorar.
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Entre el pasado y el presente
FantasyAlfiva vive una apacible y cotidiana vida en una pequeña isla ubicada en alguna parte del mar mediterráneo. Vive una vida familiar, sin dramas ni complicaciones, acompañada de su marido y su hija. Una mala noticia llega un día sin previo aviso a su...
