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Aki Hayakawa. Probablemente mucha gente conozca mi nombre.

Soy la sensación, el chico estrella.
​Siempre en las entrevistas luzco seguro, confiado.

​Pero ese no soy yo.

​Es una versión de mí que toma el control cuando siento la presión de los escenarios, que me vuelve obsesivo cada vez que se me mete en la cabeza un nuevo proyecto.

​Ese es Akiwa. Mi nombre artístico.

​Pero la triste realidad es que no soy nada de eso, soy Aki Hayakawa.

​Un chico que convierte sus inseguridades en canciones.
​Que le gusta tocar la guitarra.

​Es un chico introvertido que odia ser el centro de atención.

​Pero con mis primeros éxitos, grandes productores tocaron la puerta.
​Mi padre solo aceptó el que más dinero ofrecía.

​Porque aunque no lo dijeran explícitamente, sabía que para todos solo era una máquina de hacer dinero.

​Todo eso cambió cuando conocí a Himeno.

​Ocurrió en una gira que tuve en Londres.

​Me enamoré perdidamente de ella.

​Ella es mi refugio, mi ancla.

​Lo que me mantiene cuerdo.

​Lo que me hace sentir humano.

​Pero recibí un mensaje de ella que me alertó.

​Himeno💞.
Aki, necesito que vengas a Londres a vernos. Tenemos que hablar.


Yo.
Está bien, ahora salgo para allá.

​Estaba asustado, nervioso.
​Tengo miedo de lo que ella quiere hablar.

​En lo más profundo de mi mente sé qué es lo que ella me va a decir.

​Lo sospecho hace meses.

​Sus mensajes ya no se sentían como antes.

​Demoraba más de lo usual en responder.

​Sé que hace meses que no la veo.
​Pero tengo una carrera, un público que alimentar.

​Una presión constante que no sé dónde va a parar.

​Todos estos meses debería haberlos pasado con ella.

​Llevándola a pasear a un lugar bonito.

​Prepararle todos los días su plato favorito.

​Paseando por la playa de la mano.

​Haciéndole un masaje.

​Pero no podía.

​Viajes y más viajes.

​Ámsterdam, París, New York, Madrid.

​Ciudades hermosas todas.

​Número uno en todas las listas de reproducción, Spotify.

​Mis canciones se escuchaban en todos lados.

​Número uno en todos lados menos en tu corazón.

​...

​Tomé un vuelo de 7 horas directo a Londres.

​Mis asesores dijeron que era una locura.

​Que no podía cancelar una gira por una tontería.

​Pero en el fondo sabía muy bien por qué no querían que me fuera.

​Dinero.

​Perderían dinero.

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