Amor, Miedo y Orgullo

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Los últimos rayos de sol ya se habían ocultado un par de horas antes, dejando a la oscuridad del cielo llenar las calles de la gran metrópolis de Tokio. El viento corría entre los grandes edificios, con una briza de temporada que helaba los dedos y enfriaba la respiración. Caminaba entre callejones viejos y desgastados, entre luces de todos los colores que parecían rivalizar con la creciente penumbra de la noche, pues no había pared que no estuviese iluminada con un cartel fosforescente, indicando la cercanía de bares y clubes nocturnos. Típicos de esas zonas del bajo mundo de la capital.

El bullicio no era tan intenso como en otras zonas principales, pero aún podían verse pequeñas multitudes de jóvenes buscando un lugar para divertirse en lo que el sol regresaba de su descanso.

Okkotsu mantenía su andar con total tranquilidad, acompañado de la reconfortante sensación de haber vuelto a su país natal, sonriendo a pesar del frío que congelaba su piel expuesta. Caminar por Tokio era algo que siempre le parecía divertido. Los grandes rascacielos, las calles interminables y lugares de todo tipo. La ciudad es enorme y siempre podía conocer un lugar nuevo por explorar.

Y hoy era la ocasión. Deambulando por primera vez entre la llamada "zona roja" de la capital.

Su andar por esos rumbos no carecía de propósito. Sus ojos viajaban a sus alrededores, buscando un sitio en específico. Al fondo del callejón pudo percatarse de unas enormes letras brillantes, que escandalosamente daban entrada a unas discretas escaleras descendentes.

"Neon Hoshi Club"

Era gracioso saber que no había tenido que buscar mucho, pues el enorme letrero morado que se alzaba arriba del primer escalón robaba toda la atención de las personas que pasaban por allí. Aunque ciertamente no le sorprendía en lo absoluto la excentricidad de aquel rótulo, pues era bien sabido que eso era lo que caracterizaba a su amigo. Por eso mismo, aquel nuevo proyecto tenía todas sus expectativas al máximo, porque en sus propias palabras: Hakari era un exitoso innato.

Ese nuevo negocio estallaría en popularidad y dinero muy pronto; lo sabía perfectamente.

Siguiendo con su camino, se acercaba cada vez más al fondo de la línea recta. La gente pasaba cerca de él y, por primera vez, podía ver como la gente se desarrollaba entre ese ambiente, fumando, bebiendo y demás cosas que en las zonas más vigiladas, te costaría mínimo una multa.

El pelinegro seguía caminando y, a pesar de no tomarle demasiada importancia a las personas que pasaban cerca suyo, no tardó mucho en percibir las miradas que le dedicaban al pasar. Ciertamente le sorprendía la atención que llamaba con solo su presencia.

Mujeres desconocidas le sonreían con descaro, y Yuta, que no era del tipo que sabía de coqueteo, por primera vez lo intentó y se permitió dedicar uno que otro guiño a las chicas que murmuraban de forma discreta-algunas más sinvergüenzas-piropos hacia él.

Al fin y al cabo esa noche era para divertirse y, además, ya no había quién se molestara por eso.

Dejando atrás todo el juego de seducción de la calle, descendió los primeros escalones hacia la entrada-custodiada por dos hombres corpulentos-el estruendo de la música electrónica al otro lado de las puertas fue tal, que el suelo vibraba intensamente.

"Vaya..." Murmuró.

A decir verdad, Yuta no era una persona de fiestas y música fuerte, sin embargo, nunca se cerraba a adquirir nuevas experiencias. Tampoco quería fallarle a su amigo, después de todo el mismo Kinji lo había invitado personalmente ese mismo día, cuando recién había llegado a Tokio luego de un largo viaje desde el extranjero.

Así que él no iba a rechazar la invitación de ninguna manera.

Los guardias compartieron una mirada breve al verlo acercarse, dándole el paso de inmediato al pelinegro, que les agradeció cortésmente antes de entrar a la oscuridad de otros escalones. Al final del pasillo podía verse una puerta con una pequeña ventana, que daba vista a las estrepitosas luces que se movían de un lado a otro. Los gritos y voces no se hicieron esperar, haciéndose cada vez más intensos a medida que se acercaba.

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