El fuego de la chimenea iluminaba su rostro, aquellas llamas se reflejaban en su rostro, radiantes, luminosas. Shadow lo miraba desde lejos tratando de encontrar las palabras perfectas para entablar una conversación. Seguía sin entender cómo es que este había aceptado ir con él.
Al contrario de Nicky, que trataba de no ponerse cómodo al tratarse de la casa de uno de sus bullies. Ambos solo se miraban por largos ratos sin saber qué decirse exactamente.
-¿Quieres algo de tomar? -preguntó finalmente el azabache.
-No, gracias. -respondió Nicky enseguida.
Shadow solo suspiró una vez más, levantándose de su asiento y dirigiéndose hacia la cocina sin decir nada más. Nicky lo miró alejarse. Poco a poco empezó a recuperar el aire y se levantó enseguida del suelo, quitándose la manta que lo llevaba cubriendo un buen rato. Miró a todos lados, asegurándose de que Shadow o alguna otra persona de esa casa no lo escuchara.
Su cabeza le decía que escapara, que era otra trampa y que podrían hacerle daño estando en la casa del enemigo. Muy en el fondo, estaba seguro de que esta era la otra cara que Shadow no suele mostrar en público.
Quedarse o no era su última palabra.
Shadow volvió y Nicky fingió no estar haciendo nada.
-Nos mojamos allá afuera por un buen rato, toma esto y si quieres irte no te voy a detener. Solo... quería ayudarte. -dijo finalmente.
Los lentes de Nicky reflejaron el rostro sincero del azabache. Para él esto era muy confuso.
Con manos temblorosas tomó la taza, oliendo cuidadosamente el humo que salía de ella hasta darse cuenta de que solo se trataba de chocolate caliente con malvaviscos. Extrañamente, sus favoritos.
Se le escapó una pequeña sonrisa mientras empezaba a beber el líquido, estando seguro de que no se trataba de veneno.
-Gracias. -susurró despacio.
Shadow le sonrió de vuelta mientras se acercaba lentamente, quitándole cuidadosamente la manta, hasta ver finalmente su rostro.
Esos ojos brillantes que lo volvieron loco desde el primer día.
Negros.
Intensos.
Nicky lo miró de frente, un poco confundido al notar la inactividad del azabache.
¿Qué se suponía que haría ahora?
-Perdón. -se disculpó al aire-. Por esto y por todo lo que te he hecho estos años. -confesó.
Las pupilas de Nicky se encogieron como puntos. Podría jurar que estaba soñando en todos los sentidos y que la alarma sonaría en cualquier momento.
A duras penas intentó tocar a Shadow para verificar que era el real.
Los ojos de Nicky se ensombrecieron al confirmar que verdaderamente seguía despierto. Cerró los puños con fuerza mientras Shadow seguía esperando una respuesta.
-¿Cómo puedo confiar en ti si me has hecho tanto daño junto a ellos? -le reclamó-. ¡No puedo confiar en mi propia sombra por su culpa!
Shadow abrió los ojos como platos. Nicky se había tomado a mal su disculpa.
-¡¿Crees que solo es pedir una tonta disculpa?! -Nicky se fue acercando a él de manera amenazante. Aún le tenía cierto odio dentro de su interior-. ¡¿Crees que pedir perdón borrará mis cicatrices?! ¡Pues no! -gritó furiosamente.
Shadow empezó a retroceder con cierto miedo. Sabía que era mala idea desde un principio, pero tenía que intentarlo si de verdad quería conocerlo más a fondo.
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La voz de mi oscuridad
FanfictionNicky, de dieciséis años, ha crecido entre burlas constantes en la escuela y un hogar donde expresar lo que siente no es una opción. Acostumbrado al silencio, aprende a tragarse cada palabra... cada emoción. Un día, mientras camina por los pasillos...
