El amor raras veces se anuncia con grandes estallidos; casi siempre llega sin hacer ruido en la quietud de lo cotidiano. Se esconden las palabras que se lleva el aire, en la risa compartida, por un chiste absurdo y en esa certeza inexplicable del poder mostrarse tal cual uno es, sin máscaras ni defensas.
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Era una mañana tranquila en Republic High... o al menos eso parecía cuando recién llegabas, donde el sol comenzaba iluminar los pasillos recién limpios. Pero en el segundo piso, la historia es completamente diferente.
Una chica morena, con ojos azules y un pelo hermosamente ondulado, estaba guardando sus libros en su casillero. Esta chica era muy perfeccionista, por lo que empezó a ordenar cada uno de sus cuadernos por colores.
Todo parecía estar tranquilo, cuando terminó de ordenar su casillero, miró su calendario para observar qué clase era la que le tocaba primero, pero cuando vio su sonrisa desapareció y comenzó a prepararse mentalmente para el estrés que le venía.
Si alguien le hubiera preguntado a Katara cuál era la causa principal de su estrés, ella habría mostrado una lista encabezada en letras gigantes con el nombre de AANG.
En el instituto Republic High existía una regla no escrita que todos los estudiantes del segundo piso conocían a la perfección: El espacio entre el casillero 104 y 105 es una zona de combate.
Katara llegó a las 7:30 a.m, como todos los días. Vestía su uniforme impecable, llevaba el cabello perfectamente recogido en una trenza con dos mechones al frente, sostenía contra el brazo una carpeta llena de documentos ordenados por color.
Era la presidenta del comité de estudiantes, la mejor de su clase y la personificación misma de la disciplina.
O al menos lo era hasta que aang aparecía en escena.
Aang llegó 10 minutos tarde, arrastrando los pies con una sudadera gris del mismo color de sus ojos, que aunque lucieran apagados, estaban llenos de vida, su cabello estaba despeinado y una sonrisa torpe pero cargada de una provocación casi profesional. Llevaba la mochila colgada de un solo hombro, entreabierta, dejando ver libretas revueltas y bolígrafos sin tapa.
-Vaya, miren quien llego temprano—dijo aang, deteniéndose justo al lado del casillero de katara y apoyándose contra la estructura de metal con una arrogancia estudiada—La dictadora del comité. ¿Hoy también vas a darnos un discurso de cuarenta minutos sobre el reciclaje o nos vas a dejar respirar, Katara?
Katara cerró la puerta de su casillero con un golpe seco que resonó en todo el pasillo. Seguir hacia él, clavando sus ojos azules con una frialdad que podía congelar el agua.
-Algunos venimos a esta escuela a aprender y hacer algo útil, Aang.— respondió Katara con la voz modulada y firme, cruzando los brazos.— Si pasaras la mitad del tiempo que gastas molestándome en estudiar tus libros historia, tal vez no tendrías que pedirme prestado los apuntes de la clase cada viernes.
Aang dio un paso hacia Katara, reduciendo la distancia con esa sutura exasperante que a Katara la volvía loca.
-No te pido los apuntes porque los necesite— dijo Aang en un murmullo bajo, inclinándose un poco para estar a su fractura y dedicándole una sonrisa ladeada.— lo hago para frustrarte los viernes, cada vez que te los pido tu cara enojada es tan horrible y graciosa al mismo tiempo.
-Eres insoportable.— solto Katara entre dientes, sintiendo como las mejillas le ardían de pura rabia. Dio un paso al frente, encarándolo sin amedrentarse.— Eres el chico más inmaduro pesado, molesto e insoportable de este colegio. No sé cómo te soporto.
-El sentimiento es completamente mutuo, señorita presidenta.—sonrió Aang, guiñándole un ojo antes de dar la media vuelta y caminar hacia su salón con las manos metidas en los bolsillos—
Katara se quedó parada en medio del pasillo, apretando la carpeta contra su pecho hasta que las yemas de sus dedos se pusieron blancas.
Lo odiaba.
Odiaba la forma en que camina, odiaba que siempre tuviera una respuesta lista y, sobre todo, odiaba que cada vez que aparecia lograba desarmar toda su compostura en menos de 30 segundos.
Lo que katara no sabía es que, al doblar la esquina al pasillo, desierto que daba a los baños, Aang se detuvo en seco.
Se pegó de espaldas contra la pared de azulejos, con el rostro serio en la respiración pausada. Se quitó la mochila del hombro y sacó una pequeña libreta de hojas amarillas de un bolsillo secundario. Arrancó un trozo de papel, saco un lápiz y, apoyándose firmemente contra la pared, empezó a escribir con trazos largos.
2 de septiembre
Otra discusión en los casilleros. Dices que me odias y que soy el tipo más insoportable del colegio. Sigue pensando lo que quieras de mí, Katara. Algún día vas a entender porque hago todo esto.
Aang dobló el papel con precisión, obsesiva hasta formar un triángulo perfecto. Luego abrió el compartimento principal de mochila y sacó una cajita metálica de color azul oscuro, desgastado en los bordes.
Levantó la tapa de metal. Dentro de la caja se veían varios papelitos idénticos. Aang deshizo la nueva nota junto a las demás, cerró la lata con un chasquido sordo y la guardó en lo más profundo de su mochila.
Se acomodó la mochila en el hombro y camino directamente hacia su salón de clases, manteniendo su expresión inquebrantable, listo para continuar la guerra con Katara.
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HOLAAAA, les gusta esta nueva introducción de esta nueva historia?? Ojalá que si!! Ya que está va a ser una historia con varios capítulos, espero la disfruten muchooo
NOS LEEMOS LUEGO
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BẠN ĐANG ĐỌC
Notas de un amor
FanfictionAang y katara se odiaban mutuamente, o al menos eso querían aparentar, más lo que ella no sabía es que él tenía un estuche lleno de notas dedicadas a ella.
