Lyra Malfoy

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El Expreso de Hogwarts avanzaba entre la niebla, pero dentro del compartimento el ambiente era aún más frío

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El Expreso de Hogwarts avanzaba entre la niebla, pero dentro del compartimento el ambiente era aún más frío. Lyra Malfoy apoyó la frente contra el cristal de la ventana, observando la lluvia golpear el vidrio. Heredar la mirada de su madre no era solo cuestión de genética; era una carga. Tenía los mismos ojos azul pálido de Narcissa, de un tono helado y penetrante que parecía analizar cada detalle a su alrededor antes de emitir un juicio.

-Dicen que el Ministerio está metiendo las manos en la escuela -dijo Draco, rompiendo el silencio mientras se ajustaba el cuello de la túnica de Slytherin con suficiencia-. Padre dice que es cuestión de tiempo para que Dumbledore pierda el control.

Lyra no respondió de inmediato. Pasó una mano por su cabello rubio platino, asegurándose de que ni un solo mechón estuviera fuera de lugar. A diferencia de su hermano, a ella no le entusiasmaba la idea de que la burocracia del Ministerio infectara los pasillos de Hogwarts.

-Si el Ministerio interviene, Draco, no será para hacernos la vida más fácil a nosotros -murmuró ella, fijando sus ojos helados en él-. Solo vienen a vigilar. Y a nadie le gusta ser vigilado.

Cuando llegaron al Gran Comedor para el Banquete de Bienvenida, el ambiente era inusualmente tenso. Entre la mesa del profesorado destacaba una figura que desentonaba por completo con la majestuosidad del castillo: una mujer baja y rechoncha, vestida con un conjunto de punto rosa chillón que parecía extraído de una pesadilla infantil.

-¿Quién es esa? -preguntó Pansy Parkinson en voz baja desde la mesa de Slytherin.

-Dolores Umbridge -contestó Lyra de inmediato, reconociendo el apellido por las conversaciones que escuchaba a escondidas en Mansión Malfoy-. Primera Subsecretaria del Ministro. Una burócrata con ansias de poder.

El discurso de bienvenida del director fue interrumpido por un carraspeo agudo y artificial: *"Hem, hem"*.

El silencio cayó sobre el Gran Comedor como una losa. Umbridge se puso en pie y avanzó hacia el podio con una sonrisa empalagosa que no llegaba a sus ojos pequeños y saltones. Lyra enderezó la espalda, cruzando los brazos mientras escuchaba cada palabra del dulce y venenoso discurso de la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.

*"El Ministerio de Magia siempre ha considerado que la educación de los jóvenes magos y brujas es una cuestión de vital importancia... La preservación de lo viejo debe ser alentada, mientras que lo que deba ser perfeccionado, se perfeccionará..."*

-Nos va a fiscalizar hasta la forma de respirar -susurró Lyra para sí misma, sintiendo un escalofrío.

A unos metros de distancia, en la mesa de Gryffindor, Harry Potter mantenía una expresión de desconfianza absoluta. Cuando la mirada de Lyra se cruzó por un segundo con la de él, no hubo la hostilidad habitual que Draco solía provocar, sino un entendimiento tácito e incómodo: el quinto año en Hogwarts no iba a ser sobre magia, sino sobre supervivencia política. Y en ese juego, ser una Malfoy podía ser tanto su mayor escudo como su peor condena.

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