Prólogo: Escamas y Acero.

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El olor a tierra húmeda fue lo primero que percibiste; el crujido de las hojas secas, lo primero que provocaste al intentar moverte; y un dolor punzante en la cabeza, lo primero que sentiste al abrir los ojos.

Poco a poco, fuiste recobrando la consciencia. Tu visión empezó a aclararse, revelando un espeso dosel de hojas que ocultaba el cielo y filtraba la luz del sol en delgados haces dorados.

"Mierda... Mi cabeza"

Fueron tus primeras palabras en este mundo. Al observar a tu alrededor, la realidad te golpeó de frente: estabas en medio de un bosque denso y salvaje, pero... ¿cómo habías acabado allí?

Te alzaste del suelo lentamente, empezando a percibir mejor tu entorno. Al apenas moverte, el inconfundible sonido metálico resonó en el silencio. Confundida, revisaste tu propio cuerpo.

Portabas un gambesón azul pesado, cubierto por una cota de malla y placas de acero pulido que protegían tus hombros y piernas. En otras palabras, llevabas una armadura de combate, a la cual solo le faltaba el yelmo.

"¿Pero qué...? ¿Por qué llevo puesto esto?"

Al incorporarte por completo, inspeccionaste mejor tu equipamiento. La armadura estaba sucia y cubierta de pequeñas abolladuras, pero seguía siendo perfectamente funcional. Alrededor de tu cintura colgaba una funda de cuero para una espada... una espada que no tenías.

¿Acaso eras algún soldado perdido en territorio enemigo? Espera... ¿Por qué siquiera tenías que preguntarte esas cosas?

Trataste de recordar. Cerraste los ojos y rebuscaste en tu memoria.

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Vacío.

Tu mente estaba completamente en blanco. No podías recordar a tu familia, tu hogar, ni tu propósito. Solo una simple palabra resonaba en el eco de tu consciencia. Un nombre. ¿Quizás el tuyo?

"Miroslava..."

Tu nombre. O, al menos, un nombre al cual aferrarte. Estabas en un bosque desconocido, vestida para la guerra pero desarmada, y con la mente como un lienzo completamente en blanco.

De pronto, un ruido te sacó de tus pensamientos. ¿Gruñidos? Podría tratarse de algún animal salvaje. Cualquier persona en su sano juicio preferiría alejarse de inmediato, pero tú, impulsada por una extraña curiosidad o tal vez por la esperanza de encontrar a otras personas, decidiste acercarte.

Te aventuraste en la espesura, ocultándote detrás de un manto de hierbas altas. Sin embargo, no estabas preparada para la visceral escena que te esperaba: una demostración brutal de la vida salvaje.

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⏰ Last updated: Aug 06 ⏰

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