El aire gélido golpeó mi rostro con la fuerza de un bofetón, pero el olor que le siguió no fue a nieve pura, sino a carbón quemado, aceite hirviendo y metal oxidado.
Abrí los ojos de golpe. No estaba en mi habitación, ni siquiera pisaba tierra firme. Me encontraba en medio del puente superior de un imponente buque de guerra de metal negro y rojo, meciéndose sobre un océano salpicado de icebergs. A mi alrededor, una docena de soldados con armaduras oscuras y cascos picudos me miraban con la boca abierta. En el centro de sus pechos, el emblema de la Nación del Fuego destacaba como una advertencia.
De acuerdo, esto definitivamente no es un sueño.
-¡Intruso! -rugió el oficial al mando, rompiendo la parálisis del grupo.
-¡Cayó del cielo! ¡Aplastadlo antes de que intente algo!
Tres soldados avanzaron al mismo tiempo. Sus puños se cubrieron de llamaradas naranjas y, con una serie de estocadas marciales, lanzaron tres ráfagas de fuego directo a mi pecho. El calor radiante amenazaba con abrasarme la piel, pero mi cuerpo reaccionó con una velocidad y una ligereza que jamás había sentido en mi vida anterior.
No me bloqueé. No entré en pánico.
Flexioné las rodillas y di un salto mortal hacia atrás. Pasé por encima de las llamaradas mientras el aire caliente me rozaba la suela de las zapatillas. Caí de pie sobre la barandilla de la nave, tambaleándome a propósito con los brazos extendidos y una sonrisa de lado a lado.
-Vaya, qué cálida bienvenida -exclamé, ajustándome la chaqueta con un gesto teatral.
-Pero les seré sincero, chicos: lanzar fuego sin decir "hola" primero es de muy mala educación. Se nota que les falta un poco de... tuétano en sus modales.
-¡Cállate y muere! -gritó el capitán, perdiendo la paciencia.
Dos maestros fuego avanzaron por los flancos, intentando acorralarme. El de la izquierda lanzó un barrido de patada que generó un arco de llamas a ras de suelo; el de la derecha disparó dos ráfagas consecutivas a la altura de mi cabeza.
Hice un springboard hacia adelante, apoyando ambas manos sobre el casco del soldado de la izquierda y usándolo como trampolín para impulsarme por los aires. En medio del vuelo, giré sobre mi propio eje, esquivando las ráfagas superiores por milímetros. Antes de tocar el suelo, extendí la mano derecha.
Una luz cian, brillante y vibrante, encendió mi ojo izquierdo.
[Modo Alma Azul]
Un destello de energía gravitatoria envolvió los cuerpos de los cuatro soldados más cercanos. El tono de sus auras cambió a un azul brillante. Con un chasquido de mis dedos, alteré la gravedad sobre ellos.
-¡A volar! -reí.
Moví la mano hacia arriba y los soldados salieron disparados verticalmente hacia el cielo, gritando de pura confusión. Luego, con un movimiento seco de mi muñeca hacia abajo, la gravedad los empujó como una masa de diez toneladas directamente contra la cubierta de hierro. El impacto resonó con un estridente CLANG metálico que hizo temblar el casco del barco.
-¿Qué clase de Control es este? -tartamudeó un marinero, retrocediendo aterrorizado.
-¡No es Agua, no es Tierra! ¡No está moviendo los brazos!
-¡Es magia demoníaca! ¡Ataquen todos a la vez! -ordenó el capitán, desenvainando dos espadas prendidas en fuego.
Seis soldados corrieron hacia mí en formación de falange. Esto no era una pelea de entrenamiento; querían despedazarme. Sonreí más amplio. La energía corría por mis venas como pura electricidad.
[Ataque de Huesos]
Con un pisotón sobre la cubierta metálica, invoqué mi poder. El suelo de hierro se resquebrajó y dozens de picos de hueso blanco y pulido, de más de dos metros de alto, brotaron del metal como si fuera tierra blanda. Creé un laberinto instantáneo entre los soldados. Los ataques de fuego chocaban inútilmente contra la estructura ósea, incapaces de quemarla o atravesarla.
Aproveché el caos. Salté sobre la cima de uno de los huesos gigantes, me deslicé por su superficie como si fuera un tobogán y aparecí justo detrás del capitán usando un Atajo-un parpadeo espacial que dejó una sombra azul en el lugar donde estaba hace un segundo.
-¿Buscabas a alguien? -le susurré al oído.
El capitán se giró en redondo, lanzando un corte ciego con sus espadas de fuego. Esquivé el ataque doblándome hacia atrás en un limbo imposible, dejando que las hojas incandescentes pasaran a milímetros de mi nariz. Apoyé las manos en el suelo, di una patada ascendente que le quitó las espadas de las manos y rematé la maniobra quedando de pie sobre sus hombros.
-Sabes, capitán -dije, saltando hacia atrás para quedar a una distancia segura mientras el hombre tropezaba-, tu estilo de pelea es bastante duro de roer, pero te falta dinamismo.
El capitán, furioso y desarmado, apretó los dientes.
-¡Destruyan el barco si es necesario, pero maten a este engendro! -aulló.
Todos los soldados supervivientes formaron un círculo a mi alrededor, concentrando una esfera masiva de fuego combinado en el centro de la cubierta. El calor se volvió insoportable; la pintura del barco comenzó a ampollares y el metal bajo mis pies chisporroteaba.
-De acuerdo, juego terminado -murmuré.
Era hora de enseñar el plato fuerte.
Junté las palmas de las manos y el aire a mi alrededor se volvió helado, contrarrestando el calor de las llamas. El espacio detrás de mí se rasgó con un chasquido ensordecedor, revelando dos grietas oscuras en la realidad.
De entre las grietas emergieron dos cráneos animalescos colosales, de líneas afiladas y cuencas vacías que resplandecían con un fuego espiritual cian. Los Gaster Blasters flotaron a los lados de mi cabeza, abriendo sus mandíbulas esqueléticas con un rugido agudo que hizo vibrar los dientes de todos los presentes.
Los soldados se congelaron. El pánico en sus rostros era absoluto. Ningún Maestro en este mundo había visto jamás semejantes criaturas.
-Es hora de despejar la pista -dije.
Los dos Blasters cargaron instantáneamente dos torrentes de energía pura de color blanco y azul. No disparé a los soldados; apunté directamente a las torres de control y a los cañones principales del barco.
¡BOOM!
Los haces de luz atravesaron la estructura de hierro del buque como si fuera mantequilla, volando los mástiles de señalización, destruyendo la artillería pesada y provocando una explosión de vapor y escombros que lanzó a la mitad de la tripulación al agua helada del océano.
Antes de que el humo se despejara, invoqué un tercer Gaster Blaster, mucho más ancho, justo debajo de mis pies. Salté sobre su cabeza de hueso, acomodándome como si fuera una tabla de surf voladora.
-¡Gracias por el entretenimiento, muchachos! -grité a los soldados que yacían en la cubierta, cubiertos de hollín y temblando de miedo.
-Les dejaría mi nombre, pero prefiero mantener el misterio... ¡hasta la próxima!
Con un pensamiento, el Blaster bajo mis pies disparó un impulso de energía hacia la popa del barco, catapultándome por los aires a una velocidad deslumbrante. Salí volando por encima del mar congelado, cortando el viento helado del sur mientras el buque de la Nación del Fuego quedaba atrás, echando humo y en absoluto caos.
A lo lejos, en el horizonte de hielo, divisé una columna de luz azul e incandescente que se disparaba hacia el cielo nocturno.
La señal del Avatar.
Sonreí, ajustándome la capucha mientras guiaba a mi Blaster volador hacia aquella luz. La historia estaba a punto de comenzar, y yo me iba a asegurar de que fuera jodidamente divertida.
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Avatar: La Leyenda del Alma Azul
FanfictionEn un mundo dividido por cuatro elementos, una fuerza desconocida ha despertado. Un accidente espacio-temporal me arrojó directo al corazón de la Guerra de los Cien Años. Pero no llegué con las manos vacías: controlo un arte que desafía las leyes de...
