Capítulo 1: Donde todo comenzó

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Las personas solían decir que el destino era como una flor.

Podía tardar años en florecer.

Podía marchitarse antes de tiempo.

O podía crecer en el lugar menos esperado.

Sin embargo, nadie imaginó que el desino de dos familias completamente opuestas terminaría entrelazado por un sentimiento capaz de cambiarlo todo.

Mientras una familia era conocida por sus milagros...

La otra era recordada por las historias que muchos llamaban locura.

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En las montañas de Colombia, escondido entre ríos cristalinos y bosques cubiertos de mariposas amarillas, existía un pequeño pueblo llamado Encanto.

Allí, la magia seguía viva.

La Casita Madrigal continuaba moviendo sus ventanas al ritmo de la música, las escaleras cambiaban de lugar para ayudar a quien lo necesitara y las puertas brillaban con el poder que había protegido a la familia durante generaciones.

Con el paso de los años, los hijos de los Madrigal crecieron y formaron sus propias familias.

El milagro también creció junto a ellos.

Ahora eran diecisiete nietos quienes llenaban cada rincón de la Casita con risas, discusiones, juegos y nuevos dones.

Cada comida familiar era un espectáculo.

Algunos competían por contar la mejor historia del día.

Otros perseguían a los más pequeños por los pasillos.

La Casita respondía moviendo las sillas, escondiendo zapatos o abriendo puertas solo para divertirse.

Era imposible que hubiera silencio.

Y, sinceramente...

Nadie quería que lo hubiera.

Entre todos los nietos existía una joven que llamaba la atención incluso cuando no hacía nada.

Jessy Madrigal.

La hija mayor de Isabela Madrigal.

Su belleza era tan delicada como las flores que nacían a su alrededor. Tenía un largo cabello castaño oscuro que caía en suaves ondas sobre su espalda, ojos color avellana con destellos dorados y una sonrisa capaz de transmitir calma incluso en los momentos más difíciles.

Pero lo que realmente la hacía especial no era su apariencia.

Era su don.

Un don que jamás había existido en la historia de los Madrigal.

Lo llamaban...

El Jardín de las Emociones.

Jessy no necesitaba preguntar cómo se sentía alguien.

Las flores se lo decían.

Cuando un niño era feliz, pequeñas margaritas doradas crecían a su alrededor.

Cuando alguien estaba triste, lirios azules cubrían el suelo como si lloraran junto a esa persona.

El miedo hacía aparecer delicadas flores plateadas.

La esperanza florecía en orquídeas blancas.

Y el amor...

El amor llenaba el aire de rosas color carmesí cuyo perfume era imposible de olvidar.

Por mucho que alguien intentara ocultar lo que sentía...

Las flores siempre encontraban la forma de decir la verdad.

Pero Jessy no era la única nieta que destacaba entre los Madrigal.

Su primo Luis Madrigal, hijo de Luisa Madrigal, había heredado la increíble fuerza de su madre.

Era alto, amable y siempre estaba dispuesto a ayudar a cualquiera. Para sus primos era un hermano mayor, alguien en quien podían confiar sin importar lo que ocurriera.

Mientras Jessy comprendía los sentimientos con sus flores, Luis protegía a toda la familia con su fuerza.

Los dos habían crecido juntos.

Se entendían con solo mirarse.

-¿Otra vez llenaste el jardín de flores? -preguntó Luis entre risas mientras apartaba unas enredaderas del camino.

-No fue mi intención...

-Lo sé. Nunca lo es.

Jessy soltó una pequeña carcajada.

Luis levantó una enorme maceta con una sola mano y la colocó en su lugar.

La Casita respondió moviendo una ventana como si también estuviera riéndose.

Para Jessy, Encanto era el lugar perfecto.

Un hogar lleno de magia.

De familia.

De amor.

Lo que ninguno de los dos imaginaba...

Era que, muy lejos de aquellas montañas, existía otro mundo completamente distinto.

Un lugar donde el tiempo parecía haberse vuelto loco.

Donde los relojes nunca marcaban la misma hora.

Donde las cartas podían hablar.

Donde el té jamás se enfriaba.

Y donde un apellido podía decidir el destino de una persona.

Ese lugar era Wonderland.

Allí vivían dos hermanos muy diferentes entre sí.

Max Hatter, el hijo mayor de Maddox Hatter, era conocido por su inteligencia, su sarcasmo y el enorme peso de cargar con el apellido de uno de los villanos más temidos de Wonderland. Desde pequeño escuchó que terminaría siendo igual que su padre, aunque en el fondo solo deseaba que alguien lo conociera por quien realmente era.

Su hermano menor, Lucas Hatter, era completamente distinto. Creativo, amable y soñador, tenía el talento de crear sombreros mágicos capaces de realizar cosas extraordinarias. A diferencia de Max, Lucas todavía creía que las personas podían cambiar su propio destino y que nadie estaba condenado por el apellido que llevaba.

Los hermanos Hatter ignoraban que un antiguo portal estaba a punto de abrirse.

Y que ese portal uniría su mundo con Encanto.

Lo que comenzó como un encuentro inesperado cambiaría para siempre el destino de ambas familias.

Porque algunas flores no nacen de la tierra.

Nacen del corazón.

Y cuando los sentimientos comienzan a florecer...

Ni siquiera la magia puede detenerlos.

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⏰ Última actualización: Aug 06 ⏰

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