Prólogo

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Todos conocen el cuento de la Cenicienta.
Hablan de una joven de buen corazón, una madrastra cruel, dos hermanastras egoístas, un hada madrina, un baile inolvidable y una zapatilla de cristal capaz de cambiar drásticamente el destino.

Pero los cuentos son solo eso... cuentos.
La realidad nunca fue tan sencilla.
En el reino de Valthera existió una familia cuyo apellido era sinónimo de riqueza, prestigio y poder: los París. Desde el exterior, la Mansión París parecía el hogar perfecto. Sus enormes jardines florecían durante la primavera, sus salones recibían a nobles y comerciantes de todo el reino y sus muros ocultaban cualquier imperfección.
Nadie imaginaba que, tras aquellas puertas, una joven despertaba cada amanecer antes que el sol iluminará las mañanas y el gallo cantará, para limpiar pisos que nunca disfrutaría, preparar comidas que casi nunca probaba y soportar el desprecio de quienes compartían su misma sangre.

Su nombre era Angelie París.
Había nacido del error de un hombre y del dolor de una mujer. Aunque llevaba el apellido de su padre, jamás fue tratada como una verdadera hija. Para unos era una vergüenza; para otros, un secreto que debía permanecer oculto.
Mientras sus hermanas aprendían modales, música y danza, Angelie aprendía a fregar suelos, cargar leña, limpiar establos y esconder las lágrimas antes de que alguien pudiera verlas.

Con el paso de los años dejó de preguntarse por qué la odiaban.
Solo deseaba sobrevivir un día más.
Muy lejos de allí, entre los muros del palacio real, el príncipe Nevan también vivía prisionero. No de cadenas ni de barrotes, sino de expectativas, deberes y decisiones que otros habían tomado por él desde el día en que nació.
Ambos respiraban el mismo aire.
Vivían bajo el mismo cielo.
Pero aún no sabían que el destino comenzaba a acercarlos.

Sin embargo, esta no es una historia sobre magia.
No habrá hadas madrinas que aparezcan para resolver todos los problemas.
No habrá hechizos capaces de borrar las cicatrices.
Y una zapatilla de cristal jamás cambiará el corazón de las personas.

Esta es la historia de una joven que tuvo que aprender a levantarse sola, de un príncipe que descubrió que la libertad también puede ser una prisión y de una familia capaz de destruirse por orgullo, ambición y secretos.

Algunos cuentos de hadas nacen con un "Érase una vez"...
Pero este nacerá con
"La oscuridad"...

Angelie Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora