Un último adiós

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Senku permanecía encerrado en su laboratorio helado, escribiendo fórmulas nuevas para su proyecto en marcha. Eran las once de la noche. Aún faltaban horas para que el científico finalmente apagase todo y fuese a dormir.

Pero su valioso tiempo se vio interrumpido por el pitido ruidoso proveniente de la puerta. El timbre de su hogar vibraba, pero... ¿Quién vendría a esta hora?

Exhaló aire por sus labios, apartándose de su escritorio, dejando el lápiz reposar en la mesa se levantó de su silla. Los huesos de su espalda hicieron "¡CRACK!" al unísono por el movimiento repentino después de horas en la misma posición.

Con precisión cuidadosa que solo un científico como él podría tener, abrió la puerta del laboratorio y la cerró tras pasar por ella. Se dirigió directamente a la puerta para averiguar quién podría ser.

En una noche normal, él no habría ido a abrir la puerta por su trabajo, pero una corazonada hizo que esta vez fuese distinto.

Aún con su bata de laboratorio, Senku asomó la cabeza por la entrada sin abrir del todo, para llevarse la sorpresa de que su compañero y amigo con cabello peculiar, Gen, estaba parado fuera de su puerta con una simple chaqueta y pantalón en el frío nocturno.

— ¿Gen? — Vaciló en preguntar Senku, apartándose apenas para terminar de abrir la puerta y observar mejor al mentalista que yacía frente suyo.

— Senku-chan. — Tarareó Gen, acercándose un paso hacia delante, queriendo pasar, invitándose a si mismo.

— ¿Qué estás hacien... — Senku no pudo terminar porque Gen lo interrumpió.

— Senku-chan, ¿podemos charlar un rato? — Murmuró el mentalista, acercándose un poco más al científico. Su mirada tenía un brillo peculiar.

Senku lo pensó. Estaba ocupado con el proyecto. Justo ahora necesitaba terminarlo, pero... Ese destello de súplica en los ojos de Gen ablandaron su mente por un instante.

— Está bien, pasa. — El científico se hizo a un lado para que el otro pasara y se acomodase. De igual forma, estaba demasiado familiarizado con él. Senku volvió hacia la puerta una vez que Gen se hizo paso hacia dentro y la cerró con llave, algo que siempre hacía.

De igual manera, Senku no cuestionaría. Esa era la dinámica entre los dos. Ir con alguno cuando lo necesitaran. O simplemente pasar el rato entre ellos, sin importar la hora.

Cuando éste volteó, sus ojos instintivamente se fueron hacia esa cabellera bicolor que tenía el chico, que ahora se encontraba en el balcón, observando hacia fuera. ¿No tenía frío?

Se acercó a paso tranquilo, sus manos jugueteaban con los botones de su bata para desabrocharla. Una vez que estaba a su lado admirando el cielo oscuro, agarró su prenda limpia y se la colocó sobre los hombros al bicolor, el cual se sorprendió.

Ambos chicos intercambiaron miradas, el mayor sonrió en silencio lleno de gratitud mientras que el menor con un fino roce, notó la frialdad de la piel del mentalista que ahora tenía su ropa, así no se resfriaría. El silencio cobró espacio en medio de los dos chicos, hasta que...

— Mira, ahí está la constelación de Casiopea. Sus líneas sirven como guía para encontrar el norte gracias a que apunta a la estrella polar. — Inició una conversación Senku mientras contemplaba con brillo de emoción, el espacio gigante que se encontraba sobre ellos dos.

Los ojos de Gen se desviaron para apreciar esa mirada que tenía Senku sobre el espacio, esa mirada que tanto amaba ver y que le causaba paz interna. Él también comenzó a hablar, pero no observaba al cielo, sino al científico que tanto lo cautivaba, que tanto adoraba.

Un último adiós Opowiadania do pokochania. Odkryj je teraz