El ambiente en el pasillo que conectaba los vestidores de la zona de entrenamiento del Mundial era un caos controlado. Cámaras, guardias de seguridad, traductores, el olor a pasto recién cortado y el eco constante de tacos de fútbol sobre el concreto.
Gil Mora venía caminando a paso rápido, ajustándose la cinta del cabello, acomodándose la sudadera de la Selección Mexicana y murmurando cosas para sus adentros mientras intentaba esquivar la mirada de un par de periodistas.
-Pinche calor de la chingada que hace aquí, no mames... -refunfuñó Gil, dándole un trago brusco a su botella de agua
-Ponen el aire acondicionado como si estuviéramos en Alaska dentro del hotel y sales y parece horno. Pinche organización rara.
Entonces ocurrió.
Fue como si el aire del pasillo se volviera denso de golpe. Gil no alcanzó a dar tres pasos más cuando un aroma lo golpeó de lleno en el pecho: cedro, lluvia y menta fresca. Un olor a Alfa tan puro, tan abrumadoramente compatible con su propio ser, que sus piernas se frenaron en seco.
Su instinto de Omega chilló por dentro, no por miedo, sino por una atracción electromagnética instantánea. Un hilo invisible tiró violentamente de su alma.
Al mismo tiempo, a unos metros de distancia, Lamine Yamal se detuvo.
El joven Alfa de la Selección Española se giró lentamente, interrumpiendo la conversación que tenía con uno de los utileros. Su olfato, fino y agudo, acababa de registrar un aroma que eclipsó todo el ruido del pasillo: agave, flor de azahar y un toque de vainilla amarga.
Sus miradas se cruzaron.
Fue un milisegundo de revelación pura. Destinados. Ambos lo supieron en el acto. La biología, el destino o lo que fuera, les dio un puñetazo en la cara.
Lamine se quedó pasmado un segundo, pero una sonrisa lenta, cálida y genuina se dibujó en sus labios. Sin dudarlo, dio un paso hacia el mexicano.
Gil, sintiendo el pánico biológico de verse tan expuesto y vulnerable ante un desconocido espectacularmente alto y atractivo, activó de inmediato su escudo defensivo. Se puso tieso como una regla, apretó los puños a los costados y entrecerró los ojos.
-¿Qué me ves, o qué? -soltó Gil en cuanto Lamine estuvo a dos metros, con la voz un poco más aguda de lo normal por los nervios.
-Hola -dijo Lamine, bajando la voz, dejando que su acento español sonara suave, intentando no asustarlo-. Es que... me he quedado un poco descolocado. Soy Lamine.
-Ya sé quién eres, sales en la tele a cada rato -respondió Gil rápido, cruzándose de brazos y dando un paso atrás, aunque su corazón latía como un tambor contra sus costillas
-. ¿Y a mí qué me importa? Traigo prisa, así que con permiso.
-Oye, espera -Lamine estiró la mano de forma instintiva, no para tocarlo, sino para mantener la conexión, soltando apenas una ráfaga sutil de su aroma de Alfa para calmar el aire- No te vayas. Es solo que... tú también lo has sentido, ¿verdad? Lo de recién.
Gil sintió que el rostro le ardía. El aroma a menta y cedro lo estaba envolviendo y su Omega interno quería básicamente tirársele encima, pero su orgullo mexicano era diez veces más fuerte.
-¿Sentir qué? ¡No he sentido ni una chingada! -exclamó Gil, mirando a los lados para asegurarse de que nadie de la directiva anduviera cerca-. Has de traer un perfume bien apestoso, eso es todo. Ya hazte pa' allá, no me andes pegando tu aura rara.
Lamine soltó una risita baja, fascinado. No le afectó en absoluto el rechazo; al contrario, le pareció lo más tierno del mundo ver cómo el chico intentaba erizarse como un gato acorralado.
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RESISTENCIA (Lamine Yamal X Gil Mora)
Hayran KurguPor más que intentó levantar sus muros más altos, hay fuerzas de la naturaleza contra las que simplemente no se puede luchar. Gil estaba decidido a mantener su distancia y enfocar toda su energía en el Mundial, sin espacio para distracciones ni debi...
