La luz dorada del atardecer filtraba suavemente a través de los ventanales de la habitación de hospital, bañando el cuarto en un ambiente de absoluta paz. Peyton Parker intentó incorporarse un poco sobre la cama, pero una leve punzada en el costado la hizo soltar una mueca.

Antes de que pudiera volver a intentarlo, la mano de Jean se posó en su hombro, acomodándola con cuidado sobre las almohadas.


—Ni se te ocurra moverte, Parker —dijo Jean, frunciendo el ceño pero con un tono lleno de afecto.

—De verdad estoy bien, Jean. Tu nueva mejor amiga es prácticamente indestructible, ¿recuerdas? —bromeó Peyton, regalándole una sonrisa de lado para intentar calmarla.

Jean no pudo evitar soltar una pequeña risa, aunque suspiró profundamente y se sentó en la silla junto a la cama, tomando la mano de Peyton con fuerza. Había pasado días velando su sueño sin despegarse de su lado.

—No fue gracioso, Peyton. Ver cómo te ponías en peligro por mí... me dio el peor susto de la vida —confesó Jean, mirando a su nueva amiga a los ojos con total sinceridad—. Eres ahora mi nueva mi mejor amiga, mi compañera... no sé qué haría si algo te pasara.

Peyton apretó la mano de Jean con ternura, transmitiéndole la seguridad que tanto necesitaba.

—Para eso estamos las amigas, Jean. Siempre nos cubrimos la espalda, sin importar lo que pase. Jamás voy a dejar que te hagan daño si puedo evitarlo.

—Eres la persona más terca y leal de este planeta —respondió Jean con una sonrisa cálida, enjugándose una pequeña lágrima de alivio antes de inclinarse y darle un abrazo suave y cuidadoso, evitando presionar su herida.

Peyton le correspondió el abrazo apoyando la barbilla en su hombro. En medio del silencio de la habitación, ambas sabían que su amistad y su lealtad mutua eran más fuertes que cualquier peligro en la ciudad.

Brand New Day: You Have MeStories to obsess over. Discover now