Durante años creí que lo que sentía por Odiseo era curiosidad. Después lo llamé admiración, costumbre, incluso deseo de competir con él. Cualquier cosa era preferible a darle el verdadero nombre.
Pero la guerra de Troya me ha enseñado que hay sentim...
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
Porque amar es un arte y no todo el mundo es artista -Renato Russo
︶⏝ㅤּㅤ𝆺𝅥ㅤּㅤ⏝︶ ͝
Hubo un tiempo en que pensé que era solo curiosidad, quizás la primera vez que lo vi en la corte del rey Tindareo, años antes de que la guerra nos consumiera. Lo recuerdo con claridad. Odiseo, de entre veinte o veintiún años, antes de ser rey, radiante en sus vestidos de príncipe. Estaba yo en mis veinticinco, casado con la princesa Clitemnestra de Esparta; el motivo de aquella reunión de ilustres hombres era que la hermana de mi mujer estaba en edad de casarse y nadie iba a perderse la oportunidad de tomar por esposa a semejante mujer, belleza del linaje de Zeus. Yo estaba ahí por mi hermano y mi esposa, no es que me importara en lo más mínimo.
En fin, recuerdo que no tenía el menor interés en la bella Helena; Odiseo quería casarse con Penélope, la prima de mi mujer, tenia una belleza más tranquila, menos exuberante que Helena, pero sin ser menos hermosa, además, era una joven bastante inteligente, había sostenido un par de conversaciones con ella, y siempre me sorprendía que fuera tan sensata. Era perfecta para el sinvergüenza mentiroso de Odiseo, sin dudas.
Recuerdo también la primera vez que lo escuché hablar.
No es que los hubiera estado espiando, buscaba a Menelao(no me acuerdo ya para qué carajos) y seguí su voz hasta los jardines traseros del palacio. Estaban los dos debajo de un olivo. «Tengo un plan para asegurar tu matrimonio con Helena y el mío con Penélope» -le dijo, entre susurros que pude escuchar claramente. Su voz era rasposa, tenia la tranquilidad de quien piensa que no tiene nada que perder. Sentí entonces por primera vez esa punzada en mi corazón, las palpitaciones desenfrenadas que me daban, que nunca había sentido ni en los momentos más íntimos con mi esposa.
«Voy a proponerle al rey Tindareo que Helena elija a su esposo y los demás pretendientes jurarán protegerla y respetar su elección en caso de que algo pase. Ya le hablaste, ¿no?» No parecía tener mucho sentido, era absurdo. Al parecer Menelao había hablado con Helena y se habían llevado bien. Si me lo hubieran preguntado, habría dicho que él era la opción correcta para ella, pero claro que no habría sido para nada una opinión objetiva: era mi hermanito, uno siempre piensa que sus hermanos e hijos son las cosas más hermosas del mundo y a veces no advierte que tienen cara de cíclope con deformidades óseas... Menelao no tenía cara de cíclope, solo tenía cara de imbécil.
El caso es que asistí a la sala del trono cuando Tindareo nos llamó. Estaba seguro de que su plan era estúpido, infantil y ridículo, más absurdo imposible. Después de todo, nunca en la historia de Grecia una mujer había tenido la facultad de elegir a su marido, no que yo recordara; estoy seguro de que mi padre o mi madre habrían encontrado algún mito que contradijera mis palabras. Nunca les prestaba atención a sus historias, lo mío eran las espadas, los arcos. Siempre me gustó la guerra y dar órdenes a la gente. Sobre todo dar órdenes: padre solía decir que cuando éramos niños siempre estaba dándole órdenes a Menelao y que el soquete de mi hermano siempre las acataba.
Pero me estoy yendo por las ramas. La cosa es que, en la sala del trono, sentado entre mi suegro y mi esposa, presencié de frente al hijo de Laertes. La sonrisa de charlatán, la reverencia casi socarrona y la actitud de absoluta seguridad, casi arrogante. Otra vez sentí ese cosquilleo en el estómago y el palpitar de mi corazón. Le preguntó a Tindareo: «¿Cómo evitaría una guerra con los demás pretendientes que no obtuvieran la mano de su hija?» Tindareo parecía conocer un poco más que yo del hijo de Laertes, o quizás conocía al padre, que debió ser igual que el hijo en sus años dorados. «Estoy seguro de que ya pensaste en algo. ¿Por qué no lo compartes, Laertida?» -le respondió mi suegro, y el príncipe de Ítaca empezó a hablar. Le explicó todo eso que yo ya sabía y que me parecía un absurdo total. Y, contrario a todo lo que había pensado, Tindareo aceptó, estuvo de acuerdo en que su hija eligiera.
Primero se hizo el pacto: todos los pretendientes juraron defender a Helena y a quien ella tomara por marido en caso de una guerra. Y luego el rey de Esparta hizo llamar a su hija. Helena estaba hermosa en sus vestidos de princesa, con su cabello rubio suelto y la diadema de flores en la cabeza. Eligió a mi hermano sin siquiera dudarlo. Le debió haber contado algún chiste muy gracioso, porque no entendía cómo el tarado de mi hermano había podido llamar la atención de la mujer más hermosa de Grecia.
Recuerdo que esa fue la última vez que vi al hijo de Laertes. Acaso el día que asistimos a su boda con Penélope, porque el infame mentiroso logró casarse con la mujer que amaba a base de cagarle la existencia a todos con su pacto de porquería. Pero no hablamos, no escuché su dulce voz. El detalle que más recuerdo de aquel día -aparte de la deliciosa comida y el vino itacense- es que Odiseo estaba precioso, sonreía como un bobo enamorado, y creo que yo también sonreí un poco. Clitemnestra pensó que era porque me gustaban mucho las bodas o porque ya había bebido demasiado vino. Lo cierto es que bebí porque tenía que tragarme los celos de verlo casarse con ella, besarla a ella. Ahí comprendí que aquello nunca había sido simple curiosidad.
───────── ⃟ ⃟─⊳ fin del capítulo
꒷꒷꒦꒷꒷꒦꒷꒷꒷
Nota de la autora
﹉﹉﹉﹉﹉﹉﹉﹉
HOLAAAAAA ¿Hay gente que shipee a Odiseo y a Agamenón?¿O soy solo yo? Creo que soy solo yo porque busque fanfics y no encontré ninguno, así que voy a escribir uno.
Tengo tres fuentes de inspiración: La Iliada, la canción de Aquiles y Tiktok. Esto puede salir o muy mal o muy bien.
Va a estar narrado desde el punto de vista de Agamenón todo el tiempo.
Y si, la portada está horrible, hice lo que pude. Si alguien que sepa dibujar me quiere hacer la portada gratis, aceptamos (guiño, guiño).
Hay algo muy importante que tienen que saber de mí: No le atino a la música que pongo ni a las frases o imágenes. La mayor parte del tiempo las pongo porque no me gusta dejar todo vacía.
En fin, espero les guste esta historia. Tengo pensado subir capítulos cada semana, los domingos tal vez.