Berlín, otoño de 1949
La lluvia caía densa sobre las calles en ruinas. La gente caminaba rápido, con el cuello encogido, intentando protegerse de las gotas frías. El cielo estaba tan negro que ni siquiera las estrellas eran visibles.
En una esquina, dos hombres miraban hacia arriba.
-Esta noche el cielo parece más pesado de lo normal -dijo uno.
-Sí... y el frío no ayuda.
Más allá del centro, en una antigua escuela abandonada, el sonido de las fichas... mezclándose con el trueno lejano. El frío entrando por las ventanas rotas.
Mei y Jianguo, dos estudiantes extranjeros, estaban sentados frente a un prestamista. Jugando dominó. La apuesta era mucho más de lo que podían permitirse.
-Tres-cinco -dijo el prestamista al colocar la ficha con fuerza sobre la mesa. El extremo tres había quedado bloqueado.
Jianguo miró sus fichas: un dos doble, un dos-uno y un seis blanco.
Perdí? Ambos extremos estan bloqueados.
Ninguna le servía. Si no encontraba una salida, la deuda subía a tres mil marcos. Su mente era un puente roto sin poder llegar al otro lado, el sudor frío le resbalaba por la sien.
En una esquina, Mei murmuraba oraciones en voz baja, casi sin mover los labios.
Por favor... que alguien nos ayude.
pensó Mei con desesperación.
No importa si es un dios o un demonio. Que alguien nos ayude.
Los ojos de Jianguo miraban al prestamista. Sus ojos estaban tan calmados. Si sacaba una ficha más y se equivocaba, estaba perdido.
Necesito sacar el cinco-dos, sí o sí, no puedo permitirme perder.
Mientras la mano de Jianguo se acercaba a las fichas, una gota cayó de su mano.
De pronto, un ruido los hizo girar la cabeza hacia la puerta.
Alguien había llamado.
La tormenta que arreciaba dejó caer un relámpago que iluminó por un segundo la silueta de un joven que acababa de abrir la puerta. El humo de su cigarrillo de mézclo con el aire frío de la habitación.
-Vete de aquí. ¡Este no es ningún lugar para refugiados! -dijo uno de los hombres del prestamista, plantándose frente al recién llegado.
Antes de que pudieran empujarlo hacia afuera, el hombre habló con calma:
-Disculpen... las molestias. Mis hermanos vinieron aquí sin avisarme.
BẠN ĐANG ĐỌC
Coleman [1]
Khoa học viễn tưởngLa vida es una apuesta. Algunos juegan por dinero. Otros juegan por orgullo. Coleman juega por... En un mundo donde una sola ficha puede decidir el destino de un ser vivo, el azar no existe. Solo existen quienes saben apostar... y quienes terminan s...
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