1.-El peso de los secretos

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El sol se filtraba a través de las cortinas de seda rosa, tiñendo la habitación de un cálido resplandor qué contrastaba con la frialdad del mármol bajo los pies descalzos de Shinobu.

La fragancia del jazmín se mezclaba con el perfume dulce de su propia piel, estaba sentada en la cama, sus dedos se enredaban en los mechones rosados y verdes de la chica que descansaba a su lado.

Se acostó nuevamente en la cama, sin tratar de tapar su cuerpo desnudo, sintiendo el contacto de ambas pieles como un choque eléctrico.

-Tenemos que tener más cuidado -susurró Shinobu contra el cuello de la otra mujer -, Giyuu casi nos descubre la semana pasada...

Mitsuri soltó una risa baja, mientras sus manos recorrían la espalda de Shinobu con una intimidad que ya conocían de memoria.

-Giyuu es demasiado distraído para notar algo -dijo, separándose lo suficiente para mirar a los ojos a su amante -. Siempre está perdido en sus pensamientos. Además, tú eres la experta en ocultar cosas, querida

La alusión a su habilidad para ser sigilosa no pasó desapercibida, pero Shinobu no sonrió. Su mirada violeta se oscureció por un instante, y sus dedos se detuvieron en la cadera de Mitsuri.

-No se trata de ser hábil, se trata de no lastimarlos, ni a Giyuu ni a Iguro.

El nombre de Giyuu flotó entre ellas como un fantasma, y con él, el de Iguro.
Dos hombres que las amaban con una devoción casi absoluta, y que no tenían ni la menor idea de que sus amadas compartían algo que iba más allá de su supuesta amistad.

Mitsuri inclinó la cabeza, sus mejillas sonrojadas por el placer reciente, pero sus ojos brillaban con una determinación que Shinobu conocía bien, y le encantaba.

-Iguro también es...algo observador -admitió Mitsuri, jugando con el borde de la sábana que las cubría-. A veces siento que sabe algo. Me mira de una forma que me hace sentir desnuda, y no de la manera que me gusta.

Shinobu se incorporó, apoyando la espalda contra la cabecera de la cama. El sudor comenzaba a enfriarse sobre su piel, y con él, la realidad volvía a posarse como un peso en su pecho, golpeándole directamente en la consciencia.

-Eso es porque los estamos engañando -dijo, su tono más frío de lo que pretendía -. Nos engañamos a nosotras mismas...a todo el mundo.

Mitsuri se movió para sentarse a su lado, su cuerpo cálido presionando el de Shinobu.

-¿Ahora te arrepientes de nosotras? -preguntó con una pizca de dolor en su voz que no podía ocultar.

Shinobu cerró los ojos.
¿Arrepentirse? No, no era esa la palabra que describía lo que sentía.

Amaba a Giyuu, lo amaba con la misma intensidad con la que odiaba la injusticia y las traiciones...

Pero Mitsuri era diferente, era el fuego que la quemaba, el peligro que la atraía, la única persona que lograba que Shinobu soltara totalmente el control de lo que era realmente.

-No me arrepiento -susurró, abriendo los ojos para encontrarse con la mirada de Mitsuri -. No puedo, pero tengo miedo.

-¿De qué?

-De que esto nos destruya a todos, a ti, a mí, a ellos...-tomó la mano de Mitsuri y la apretó con fuerza-. No quiero perderte, pero tampoco quiero perderlo a él.

El silencio se instaló entre ellas, un silencio denso y pesado.
Afuera, el viento mecía los árboles del jardín privado de Shinobu.
Un lugar diseñado para escapar del mundo, para soñar con un futuro donde ellas eran felices juntas, y que ahora se había convertido en el escenario de sus encuentros prohibidos.

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