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CAPITULO 1

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La música electrónica retumbaba en las paredes del reservado VIP de aquel exclusivo club londinense, distorsionando las risas y los brindis que flotaban en el aire saturado de luces de neón azules y púrpuras. Era la despedida de soltero de George.

En apenas cuarenta y ocho horas, el piloto británico caminaría hacia el altar para consolidar un compromiso perfecto, de esos que lucían impecables en las revistas de sociedad y en las portadas de los diarios. Todo el mundo celebraba, las copas se vaciaban a un ritmo frenético.

Entre la multitud de rostros conocidos de la parrilla y amigos de la infancia, los ojos de Kimi no se apartaban de él. El joven italiano permanecía en un rincón más sombrío del reservado, sosteniendo un vaso que apenas había probado. Observaba la sonrisa ensayada de George, la forma en que su risa se volvía cada vez más arrastrada y cómo sus ojos perdían el enfoque a medida que el alcohol borraba los límites de su habitual compostura británica. Kimi guardaba el secreto que le quemaba las entrañas estaba profundamente enamorado de su compañero, un sentimiento silencioso, edificado a base de madrugadas en el simulador, confidencias compartidas en los motorhomes y miradas que duraban un segundo más de lo debido.

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A medida que la madrugada avanzaba, los invitados comenzaron a dispersarse o a caer rendidos por los excesos de la noche. George, completamente desorientado, se tambaleó hacia la salida lateral del club, buscando un poco de aire fresco. El mundo le daba vueltas; la noción del tiempo y el espacio se había disuelto por completo en su mente. Kimi, que lo había seguido de cerca para asegurarse de que no le pasara nada, lo sostuvo por el brazo justo antes de que sus rodillas cedieran en el callejón trasero.

-George, estás fatal. Vamos, te llevaré a tu hotel -susurró Kimi, pasando el brazo del británico sobre sus hombros.

George apenas podía mantener los ojos abiertos, emitiendo un balbuceo incomprensible mientras se aferraba al torso del italiano.El trayecto en el asiento trasero del auto fue una nebulosa de luces borrosas para George.

Para cuando Kimi logró abrir la puerta de la suite del hotel y arrastrarlo hacia la enorme cama, el raciocinio de George se había evaporado por completo. La severa intoxicación alcohólica había creado un vacío en su memoria inmediata; no sabía dónde estaba, qué hora era, ni quién lo sostenía, pero el calor humano y el aroma a perfume caro despertaron en su mente adormecida una única conclusión, debía ser el. Su prometido. Su mente, buscando un puerto seguro en medio del caos de la embriaguez, distorsionó la realidad.

-Estás aquí... -murmuró George con la voz rota, la respiración pesada y caliente contra el cuello de Kimi-. Te extrañé tanto... no quería volver a esa fiesta...

Kimi se tensó por completo, con el corazón martilleándole el pecho con tanta fuerza que temió que George pudiera escucharlo. Supo de inmediato que el británico estaba completamente desorientado, atrapado en una confusión absoluta, creyendo que abrazaba a el hombre con el que se casaría en dos días.
Una chispa de culpa brilló en el fondo de la mente de Kimi, pero el deseo acumulado durante años, la desesperación de saber que lo perdería para siempre en cuarenta y ocho horas y la vulnerabilidad de la situación terminaron por romper su resistencia.
El egoísmo del amor secreto ganó la batalla.

-Sí, George... estoy aquí -mintió Kimi en un susurro apenas audible, dejándose caer sobre la cama junto a él.

Cuando George lo buscó a ciegas, guiado únicamente por un instinto torpe y nublado, Kimi no se apartó. Los besos de George eran urgentes, desesperados, cargados de una frustración que ni él mismo entendía.
Kimi los recibió todos, grabándose en la piel el tacto de sus manos, la forma en que George dictaba un ritmo lento pero posesivo en la penumbra de la habitación. En la mente distorsionada del británico, todo aquello era el preludio de su vida conyugal para Kimi, era una dolorosa y perfecta despedida.

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