Estaba a un paso de subir el primer escalón de aquellas escaleras que lo adentrarían a la mansión. Cada segundo la duda de hacerlo iba incrementando.
¿Por qué había aceptado ayudar a Molly?
Momentos atrás había recibido una llamada de la princesa.
—Por favor Ash, necesito tu ayuda en esto, papá me pidió que yo lo hiciera, pero ya tenía planes que no puedo cancelar —Molly le había pedido ayuda para cuidar a Aldo, quien al parecer llevaba un par de días resfriado.
—¿Qué hay de tus hermanos? Alguno de ellos puede cuidarlo —para Ash, quien ha estado en malos términos con Aldo desde hace unos años, no le parecía buena idea acceder a la petición de Molly.
—Roier ha estado días encerrado en su fábrica, no he podido contactarlo, Senpai ha salido junto a Ishan de exploración, y Pac no ha regresado a casa en días, está ocupado en Portusil. —La voz de Molly se volvió más baja y suplicante, —No hay nadie en la mansión y fuera del Norte eres en quien más confío, te juro que te devolveré el favor.
Más allá de lo poco que quería desperdiciar tiempo en compañía de Aldo, no podía simplemente ignorar la petición de su amiga. Molly es una de sus amistades que más aprecia.
—Está bien Molly —dejó escapar resignado, —me debes una.
Y esa era la razón por la que se encontraba ahí, frente a las escaleras que lo llevarían al Norte.
Molly le prometió que no será tan malo. La fiebre de Aldo es muy fuerte y apenas puede reconocer a la gente a su alrededor, no discutirán.
Con una mano apartó los rizos que empezaban a cubrir su vista, tomó una bocanada de aire y empezó a subir los escalones. Se lo prometió a Molly, era tarde para retractarse.
Al entrar en la mansión el lugar estaba completamente vacío, al punto que era inquietante, ese lugar suele ser ruidoso en cada rincón.
Menos mal la habitación de Aldo estaba a unos cuantos metros de la entrada principal. Lo cual le evitó seguir con esa sensación de inquietud.
Tocó la puerta un par de veces, sin embargo, ningún sonido salió de la habitación. Tal vez Aldo estaba aún dormido. Entró al lugar.
Era la primera vez que veía ese lugar a detalle, en algunas de sus visitas al Norte ha llegado a ver un poco desde lejos, cuando alguien entraba a la habitación.
El lugar estaba decorado de dorado, retratos gigantes de Aldo, y la cama estaba frente al gran ventanal.
Aldo estaba ahí, durmiendo profundamente. Se acercó para comprobar su estado.
Retiró el paño húmedo que tenía el general en su frente, para después colocar su mano verificando la temperatura. Aldo estaba ardiendo en fiebre.
Se dispuso en ir a la cocina, en busca de agua y hielos. Era la primera vez que cuidaría a alguien en esa situación. Molly le envió por mensajes algunas instrucciones de que debía hacer.
Al regresar sumergió un paño en el agua helada y lo exprimió para después colocárselo a Aldo. El rostro de Aldo era pacífico, tan contrario a como lo recuerda.
Aquel joven desde que lo conoció siempre lo ha mirado de formar burlesca, irritada, e indiferente. Era extraño verlo de esta forma.
De pronto, la expresión en el rostro de Aldo cambió, se veía incómodo y poco a poco sus ojos se iban abriendo.
—¿Quién...? ¿Qué haces? —su voz perezosa, entrecerraba sus ojos a la dirección de Ash, intentando enfocar su mirada.
—Soy Ash, tu hermana me ha pedido venir —la mirada de Aldo se veía perdida.
