Semana inglesa

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—Lunes...Martes...Miércoles...

—Oh my god bruh, le vas a partir su madre a Kangin, detengan esta masacre. — Les seré sincero, amo muchísimo a Shindong, pero en ese momento deseaba con toda mi alma que su boca fuera cerrada por absolutamente toda la eternidad.

El olor a alcohol y tabaco subía por mis fosas nasales como un incendio forestal subiendo por una cordillera llena de pasto seco, íbamos en la mitad de la semana inglesa y, para mi desgracia, no había coincidido en absolutamente ningún día con Kangin. Era como si de algún modo, logrará predecir hacia donde giraría mi cabeza en el último milisegundo y él girara la cabeza en el sentido contrario intencionalmente, haciéndome sentir como un jodido idiota.

¿Será que de alguna forma sabía que estaba muriéndome por besarlo?

No, era imposible. Me había asegurado de ocultar mis sentimientos en lo más profundo de mi corazón incluso cuando él llegaba a tener comportamientos "extraños" conmigo, ya fuera aquellos momentos donde el fanservice entre ambos era requerido, donde abría mi camisa y deslizaba sus dedos desde mi pecho hasta mi vientre bajo, siempre intentaba que aquello se quedara en un simple juego entre ambos, una actuación que nunca llegaría a nada, porque no era más que eso, una simple actuación. O aquellos momentos donde estábamos a solas y me abrazaba por la espalda por, lo que a mí me parecía, un largo tiempo, con el pretexto de observar lo que yo hacía por encima de mi hombro durante unos minutos antes de darme un beso en la mejilla y continuar entonces con cualquier actividad que estuviera haciendo en ese momento y que hubiera llamado más su atención que cualquier otra cosa que estuviera haciendo yo.

Maldecía demasiado el momento en el que a todos se nos habían subido las copas y había aceptado la estúpida idea propuesta por Heechul de jugar semana inglesa. Al ver lo bien que les había ido a él y a Shindong que habían coincidido en cinco días de siete, pensé que quizá de alguna forma podría pasar lo mismo conmigo y Kangin, pero definitivamente aspiré a volar demasiado alto, creo que simplemente les tuve un poco de envidia.

—¡Domingo!—La voz de Heechul me sacó por completo de mis pensamientos y de repente pude escuchar como todos en la habitación hicieron bulla, observé a Eunhyuk jalonear el brazo de Donghae mientras Ryeowook ocultaba el rostro en el hombro de Kyuhyun.

Había estado tan sumergido en los pensamientos anteriores que ni siquiera me había dado cuenta que la semana inglesa había continuado y yo había seguido girando mi cabeza en automático y esta vez, en el sagrado séptimo día de la semana algo había sucedido... nuestros rostros habían coincidido. Mis mejillas se sonrojaron tanto que el sonrojo del alcohol se vio casi opacado en ese momento, pude sentir como Kangin se encorvó para reírse ya que nuestras espaldas estaban juntas, cuando ambos nos giramos noté que él también estaba sonrojado y de hecho, como yo, estaba sonriendo, quizá no tan ampliamente porque no es su estilo, pero lo hacía.

Mi corazón estaba palpitando como loco mientras nos mirábamos mutuamente, observé cada detalle de su rostro y me pareció divino, sus cejas pobladas, sus ojos profundos, su sonrisa sincera, aquellas expresiones firmes y esa sonrisa que a pesar de no ser amplia transmitía lo que sentía de algún modo, siempre que observaba ese rostro me recordaba lo mucho que me gustaba, el por qué era mi primer amor y por qué me moría por posar mis labios sobre aquellos delgados labios. Pero así como debes comer las verduras primero para llegar al postre, debía pasar por el lamentable suceso de golpear a quien más amaba para poder culminar con aquel tan esperado beso.

—Bien Siwon, Kangin, terminaron la semana con seis cachetadas y un beso.— Heechul nos observó a ambos con diversión mientras echaba hacia atrás su cabello castaño, en su labio inferior, aún tenía la marca de la mordida que le había dado Shin, cualquiera estaría preocupado por como explicaría aquello a la prensa el día siguiente, pero Heechul no, Heechul simplemente pasaba su lengua por dicha marca para calmar un poco el dolor y quizá saborear el sabor metálico de la sangre.

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