capítulo 1

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Capítulo 1

No sé quién fue el genio que decidió que levantarse antes de que saliera el sol era una buena idea.

Pero si algún día tenía la oportunidad de conocerlo, probablemente le preguntaría qué clase de rencor le tenía a la humanidad.

Fruncí el ceño frente al espejo mientras intentaba hacer una raya perfecta con el delineador.

La mano me tembló.

La línea quedó ligeramente torcida.

-Genial, Leska... eres una artista.

Tomé un algodón con desmaquillante y comencé a corregirla.

No tenía ganas de viajar.

Mucho menos a un lugar donde, según mi tío, pasaríamos el día hablando de negocios.

Tampoco tenía ganas de sonreír, de escuchar conversaciones sobre inversiones o de asistir a reuniones donde todos fingían caerse bien mientras se apuñalaban con palabras elegantes.

Pero ahí estaba.

Vestida completamente de blanco, con unos tacones a juego y el cabello cayendo en ondas suaves sobre mis hombros.

Al menos, si iba a aburrirme durante todo el día, lo haría viéndome bien.

Me incliné un poco hacia el espejo para revisar mi maquillaje.

Perfecto.

O lo suficientemente perfecto como para salir de casa.

Unos golpes suaves en la puerta interrumpieron mi concentración.

-¿Ya estás lista? -preguntó mi tío Gonzalo desde el otro lado.

-Cinco minutos.

Hubo un silencio.

-Llevas diciendo cinco minutos desde hace veinte.

Sonreí.

-La belleza requiere paciencia.

Escuché un resoplido al otro lado.

-No sabía que ahora dabas clases de motivación.

-Tengo muchos talentos ocultos.

-Uno de ellos debería ser aprender a mirar el reloj.

Rodé los ojos.

Nuestra relación era...

Rara.

No éramos especialmente cercanos. De hecho, durante muchos años apenas cruzábamos palabra en las reuniones familiares. Últimamente intentábamos llevarnos mejor, aunque ninguno de los dos parecía tener demasiado talento para demostrar cariño.

Bueno...

Yo un poco más que él.

Tomé mi bolso y finalmente salí de la habitación.

Gonzalo estaba esperando en el pasillo, perfectamente vestido con un traje gris impecable.

Lo miré de arriba abajo.

-¿Vas a una reunión o a tu propio funeral?

Me observó sin inmutarse.

-Depende de cuánto tardes en bajar.

-Qué dramático.

-Qué tarde.

-Qué amargado.

-Qué habladora.

Sonreí.

-También me quieres.

-No abuses de tu imaginación.

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