Cap 1: un encuentro inesperado

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El cielo de Manchester estaba cubierto por una gruesa capa de nubes grises. No era precisamente un día triste, pero el sol parecía haberse tomado vacaciones.
En el Etihad Stadium, el movimiento era constante. Entrenadores, periodistas, empleados y jugadores iban de un lado a otro preparando un evento benéfico organizado por el Manchester City para jóvenes de distintos países.
Entre ellos caminaba Jonathan Ipkiss.
Con apenas 19 años y 1,75 metros de altura, destacaba incluso entre la multitud. Su cabello naranja, completamente natural, llamaba la atención desde lejos. Tenía el rostro cubierto de pequeñas pecas, unos ojos verdes que parecían cambiar de tono con la luz y varios piercings: dos en la oreja izquierda, uno en la derecha y otro pequeño sobre la ceja.
Su cuerpo atlético era resultado de años practicando deporte, aunque nunca había buscado competir profesionalmente.
Había llegado desde Ecuador gracias a un programa internacional de voluntariado. Estaría tres semanas ayudando en el estadio.
Tres semanas.
No esperaba nada extraordinario.
Solo aprender inglés, conocer gente nueva... y regresar a casa con algunas anécdotas.
Qué equivocado estaba.
-Jonathan, ¿puedes llevar estas camisetas al vestuario del primer equipo? -preguntó una organizadora.
-Claro.
Tomó una enorme caja entre los brazos.
-Gracias.
-No hay problema.
Caminó por los pasillos del estadio observando cada rincón con curiosidad.
"No puedo creer que esté aquí..."
Las paredes estaban decoradas con fotografías de jugadores levantando trofeos, celebrando goles y abrazándose después de las victorias.
Mientras avanzaba, no pudo evitar sonreír.
"Si mi yo de diez años me viera ahora..."
De repente, escuchó voces acercándose.
No les dio importancia.
Siguió caminando.
Hasta que...
-¡Erling!
Otra voz respondió entre risas.
Jonathan giró apenas la cabeza.
Y fue suficiente.
No vio el carrito metálico que un empleado había dejado en medio del pasillo.
-¿Eh?
Tropezó.
La caja salió disparada.
Decenas de camisetas celestes cayeron al suelo.
-¡Ay, no...!
Antes de que pudiera reaccionar, alguien sujetó su brazo para evitar que terminara completamente en el piso.
-Te tengo.
Jonathan levantó lentamente la vista.
Su respiración se detuvo.
Frente a él estaba Erling Braut Haaland.
Muchísimo más alto de lo que imaginaba.
Con sus 1,94 metros, el delantero casi le sacaba una cabeza y media.
Llevaba ropa de entrenamiento del City, el cabello rubio recogido hacia atrás y una expresión tranquila.
-¿Estás bien? -preguntó con un ligero acento noruego.
Jonathan tardó dos segundos en responder.
-S... sí.
Erling sonrió apenas.
-Eso no sonó muy convincente.
Jonathan soltó una risa nerviosa.
-Es que... normalmente no me tropiezo frente a futbolistas famosos.
-Créeme.
Se agachó para recoger una camiseta.
-Yo me tropiezo solo.
Jonathan parpadeó.
-¿En serio?
-Una vez casi me caigo bajando las escaleras del vestuario.
-...
-No se lo cuentes a nadie.
Jonathan soltó una carcajada.
-Lo prometo.
Los dos comenzaron a recoger las camisetas.
Durante unos segundos ninguno habló.
Hasta que Erling levantó una de ellas.
-Creo que esta quedó limpia.
-Menos mal...
Jonathan estiró la mano para tomarla.
Sus dedos rozaron los del delantero.
Los dos apartaron la mano casi al mismo tiempo.
-Perdón.
-Perdón.
Volvieron a hablar al mismo tiempo.
Y volvieron a reír.
"Tiene una risa bonita..." pensó Jonathan.
Enseguida sacudió la cabeza.
"¿Qué estoy pensando?"
Cuando terminaron de guardar todas las camisetas, Jonathan acomodó la caja entre sus brazos.
-Gracias por ayudarme.
-No fue nada.
Hubo un pequeño silencio.
-Soy Jonathan.
Erling levantó una ceja.
-¿Jonathan...?
-Jonathan Ipkiss.
El noruego sonrió.
-Mucho gusto.
Le tendió la mano.
-Erling.
Jonathan fingió sorpresa.
-¿Ah, sí? Pensé que eras Kevin De Bruyne.
Erling abrió mucho los ojos.
-¿En serio?
Jonathan aguantó la risa unos segundos.
Hasta que no pudo más.
-Es broma.
El delantero soltó una carcajada tan fuerte que dos empleados voltearon a verlo.
-Eso estuvo bueno.
-Gracias.
-No mucha gente se atreve a bromear conmigo la primera vez que me conoce.
Jonathan se encogió de hombros.
-Supongo que si te tratara como una celebridad sería bastante aburrido.
Aquella respuesta hizo que Erling dejara de sonreír por un instante.
No porque le hubiera molestado.
Todo lo contrario.
La mayoría de personas lo saludaban pidiendo fotos, autógrafos o hablando únicamente de fútbol.
Jonathan...
Solo hablaba con él.
Como si fuera un chico cualquiera.
Y eso era... refrescante.
-¡Erling!
Una voz llegó desde el final del pasillo.
Era Kevin De Bruyne.
-Pep te está buscando.
-Ya voy.
Erling volvió la mirada hacia Jonathan.
-Supongo que debo irme.
-Y yo entregar estas camisetas antes de que vuelva a tirarlas.
El delantero sonrió.
-Espero que no.
Jonathan levantó el pulgar.
-Haré mi mejor esfuerzo.
Antes de marcharse, Erling dijo:
-Nos veremos por aquí.
No sonó como una pregunta.
Sonó como una certeza.
Jonathan lo observó alejarse por el pasillo.
Solo cuando desapareció de su vista volvió a respirar con normalidad.
-¿Qué demonios acaba de pasar...?
Esa noche, mientras cenaba en la residencia donde se hospedaban los voluntarios, Jonathan no podía dejar de pensar en aquel encuentro.
"Fue amable."
"Mucho más de lo que imaginaba."
"Y esa sonrisa..."
Sacudió la cabeza.
-No.
Se señaló a sí mismo con el tenedor.
-Jonathan, cálmate.
Es Erling Haaland.
Jamás volverás a hablar con él.
Fue pura casualidad.
Mientras tanto...
En el apartamento donde vivía, Erling estaba sentado en el sofá con una botella de agua.
Su compañero de equipo, Jack Grealish, pasó frente a él y notó que sonreía mirando al vacío.
-¿Y esa cara?
Erling levantó la vista.
-¿Qué cara?
-La de alguien que acaba de conocer a alguien interesante.
-No digas tonterías.
Jack se dejó caer en el sillón.
-Te conozco demasiado bien.
Hubo un breve silencio.
Entonces Erling habló.
-Hoy conocí a un voluntario.
-¿Y?
-Cabello naranja.
-...
-Ojos verdes.
-...
-Pecas.
Jack sonrió de lado.
-Ajá...
Erling apoyó la cabeza en el respaldo.
-Y fue el primero en mucho tiempo que habló conmigo como si no supiera quién soy.
Jack soltó una risita.
-Eso explica la sonrisa.
Erling no respondió.
Porque, en el fondo...
Sabía que tenía razón.
Y, por primera vez en mucho tiempo, esperaba con ganas que llegara el día siguiente.
Porque quizá...
Solo quizá...
Volvería a encontrarse con Jonathan Ipkiss.
Continuará...

Mas allá del silbatoCerita yang bikin terobses. Temukan sekarang