༉‧₊˚🕯️🖤❀༉‧₊˚.La muerte nunca llega tarde༉‧₊˚🕯️🖤❀༉‧₊˚.
La mayoría de los mortales temían a la muerte.
La imaginaban como un monstruo, un verdugo o una sombra hambrienta que disfrutaba arrebatando vidas.
Estaban equivocados.
La muerte jamás había odiado a los vivos.
Los observaba.
Los esperaba.
Y, cuando llegaba el momento señalado por las Moiras, simplemente extendía la mano y los guiaba hacia el siguiente destino.
Sin prisa.
Sin crueldad.
Sin favoritismos.
Así había sido desde el principio de los tiempos.
Antes de que Zeus levantara el Olimpo.
Antes de que Poseidón reclamara los mares.
Antes incluso de que Hades gobernara el Inframundo.
Ya existía Tánatos.
El Guardián del Último Aliento.
No era un rey.
No buscaba adoración.
No ansiaba templos ni sacrificios.
Su deber era más antiguo que cualquier dios olímpico.
Mantener el equilibrio.
Porque donde existía la vida...
También debía existir la muerte.
Durante milenios cumplió esa tarea en silencio.
Vio nacer imperios.
Los vio caer.
Observó héroes convertirse en leyendas y leyendas desvanecerse con el paso de los siglos.
Nunca intervino.
Nunca rompió las reglas.
Hasta que conoció a una mortal.
No fue amor.
Los dioses rara vez entendían ese sentimiento como los humanos.
Fue admiración.
Ella comprendía la muerte sin temerla.
Trabajaba en hospitales, acompañando a quienes daban su último respiro. No lloraba por aquellos cuyo tiempo había terminado; les tomaba la mano para que no partieran solos.
Tánatos permaneció invisible a su lado durante años.
La observó consolar familias, cerrar los ojos de los difuntos con respeto y hablar de la muerte como si fuera una vieja conocida.
Aquella mujer entendía algo que incluso muchos dioses olvidaban.
Morir no era un castigo.
Era parte de vivir.
Y por primera vez desde la creación del mundo...
Tánatos sintió curiosidad.
De esa curiosidad nacieron dos hijos.
No fueron concebidos para conquistar reinos.
Ni para desafiar a los dioses.
Mucho menos para sembrar destrucción.
Fueron traídos al mundo para recordar que el equilibrio siempre debía prevalecer.
El mayor recibió el nombre de Damián Park.
Tres años después nació Selene Park.
Ambos heredaron algo más que la sangre de un dios.
Heredaron su deber.
Y, sin saberlo, también heredaron a sus enemigos.
Porque existían fuerzas que odiaban el equilibrio.
Seres que deseaban romper la frontera entre la vida y la muerte.
Y cuando esa frontera comenzará a resquebrajarse...
Solo dos hermanos podrían impedir que el mundo entero se consumiera.
Sin embargo...
Esa historia aún tardaría muchos años en comenzar.
Porque, antes de convertirse en héroes...
Tendrían que aprender qué significaba sobrevivir.
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Los Hijos de Tánatos
FanfictionMorir no era un castigo. Era parte de vivir. Y por primera vez desde la creación del mundo... Tánatos sintió curiosidad. De esa curiosidad nacieron dos hijos. No fueron concebidos para conquistar reinos. Ni para desafiar a los dioses. Mucho menos pa...
