~Dos Años y El Sonido de la Lluvia~

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Una sola sonrisa, una sola caricia, un solo corazón. Un corazón que late, late y late, débil... Un corazón que despoja toda soledad, un corazón que se achica mientras ve la vida pasar. Un corazón que llora, que se queja, que se muere....

La lluvia. La lluvia golpea, corre y muere. Crece y se pierde. Las hojas de los árboles, esas mismas hojas que son golpeadas y se quejan, que gritan en silencio por los golpes débiles que la lluvia sostiene. Los golpes de la lluvia que atraviesan su alma.

-¿Qué es ese sonido? -preguntó el niño mirando a su abuelo con gran admiración y con ganas de averiguar de dónde venía ese sonido.

-Es el sonido de la lluvia, hijo. -contestó el abuelo con esa carismática calma sabía reflejando los años de vida que su cuerpo y alma han presenciado. Antaño hombre en vida. Joven, dispuesto. Hoy, un anciano frágil y débil... ese mismo sonido que ha sido presenciado durante más de ochenta y cinco años.

-¿De dónde viene la lluvia?

-La lluvia es un llanto. Un llanto que aparece cuando alguien muere. Cuando alguien se va...

-¿Y por qué suena así?

-Porque llora, el cielo llora, la tierra agoniza porque las personas que mueren... dejan huella. -expresó el anciano mirando las gotas de agua reflejando en sus ojos la soledad que emanaba su alma, un alma, que vivió y que ahora espera paciente la muerte.

-Abuelo... cuando tu te vayas.. ¿el cielo llorará? -preguntó el niño con una inocencia y un brillo infantil en sus ojos

-Cuando yo me vaya... el cielo no llorará-negó el anciano con certeza.

El niño lo miró con extrañeza. Y volvió a preguntar; -¿No llorará?

-No.

El anciano miró la ventana. Miró la lluvia. Miró y recorrió su vida, las veces que luchó en la guerra, las veces que mató vidas inocentes y las veces que abandonó, que destruyó y que quemó, a mujeres, a niños, a pequeños e inocentes criaturas ausentes de la crueldad del ser humano, de su propia crueldad. El anciano no se arrepiente, el anciano sabe que no llorará, que nadie llorará por él. Y que cuando él muera, cuando su débil y cansado corazón termine de latir... el cielo brillará. El cielo lucirá un color brillante, agradable y la brisa tocará los cimientos de las buenas personas, acariciara la vida y cuidará las pequeñas y frágiles vidas del ser humano. De su querido nieto. De su futuro.

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