Nunca pensé que extrañaría tanto un colegio.
Después de casi dos años encerrada en casa por la pandemia, volver a escuchar el timbre anunciando el inicio de clases, caminar por los mismos pasillos y ver a los estudiantes correr de un lado a otro era una sensación extrañamente reconfortante.
Había olvidado el ruido de las conversaciones mezclándose en los salones, el olor de los cuadernos nuevos y hasta las interminables filas para entrar al colegio.
Por primera vez en mucho tiempo, sentía que mi vida volvía a avanzar.
O al menos eso quería creer.
Cuando regresé, solo tenía una amiga: Minwoo.
La conocía desde pequeña, pero fue durante el 2020 cuando nuestra amistad se volvió mucho más fuerte. Habíamos pasado horas hablando por videollamada, enviándonos audios absurdos y prometiendo que, cuando todo terminara, volveríamos a sentarnos juntas en el salón.
Y así fue.
Los primeros días de clases fueron tranquilos. Hasta que apareció una chica nueva.
Su nombre era Mingy.
Era extrovertida, hablaba con cualquiera y tenía esa facilidad para hacer reír a los demás sin siquiera intentarlo. En menos de una semana ya estaba almorzando con nosotras.
Con el tiempo dejamos de ser tres chicas que coincidían durante el recreo.
Nos convertimos en un equipo.
Si una faltaba, las otras dos también parecían incompletas.
Las personas comenzaron a llamarnos "el tridente".
Y, siendo sincera, me gustaba.
Aquel día, como casi siempre, nos encontrábamos sentadas en una de las bancas del patio, hablando de cualquier tontería.
Mingy contaba una historia exageradamente dramática sobre un profesor, mientras Minwoo no dejaba de reír.
Yo apenas podía respirar de tanto reírme.
Hasta que dejé de hacerlo.
Un chico acababa de pasar frente a nosotras.
No era especialmente alto.
No hizo nada extraordinario.
Ni siquiera miró hacia donde estábamos.
Pero bastó un segundo.
Un solo segundo.
Mi corazón olvidó cómo latir con normalidad.
Sentí un vacío en el estómago y, al mismo tiempo, una presión insoportable en el pecho.
Era imposible.
No...
No podía ser él.
Entonces alguien, desde el otro extremo del pasillo, gritó:
-¡Juhoon!
El chico giró ligeramente la cabeza.
Y el mundo se detuvo.
No recordaba el color exacto de sus ojos.
Ni la forma de su sonrisa.
Ni siquiera recordaba bien su rostro.
Pero sí recordaba la manera en que mi corazón reaccionaba cuando lo veía.
Y no había cambiado en absoluto.
-Naia...
Escuché una voz muy lejana.
-Naia.
Sentí que alguien agitaba una mano frente a mi cara.
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Entre Pasillos | Juhoon
FanfictionHay personas que vuelven a tu vida sin decir una sola palabra. Basta con que caminen frente a ti para que el corazón recuerde lo que la memoria intentaba olvidar.
