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Primera Parte:La era de la luna

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1. Grekaf:

Cuenta oh diosa la tragedia de la desafortunada Mestis, joven princesa de Grekaf. Quien, a la muerte de los reyes y sus padres (cuyos nombres fueron arrancados de la historia) sufrió amenazas de muerte, conspiración y de persecución por el trono. Tormento que compartió junto a sus tres hermanas: Lila, Temia, Jutar; y Jude, su hermano menor. El autor de tales acusaciones era el tirano Aurelian, su hermano mayor y nuevo rey.

Quien fue apodado como «El rey cruel» o «el terrible», por su propia gente. Los sirvientes, vieron como fueron perseguidos, torturados, desmembradosy quemados los cuerpos de miles de mujeres acusadas de espionaje, conspiración y brujería en contra del soberano. El mismo destino le esperaba a todo aquel que ayudara a estas mujeres. La familia real no fue tratada menos peor que los ciudadanos comunes, también fueron acusados bajo la pena de muerte por los cargos de conspiración. Se perseguido y torturo a la gran mayoría, pero no hubo sangre real derramada.

Sin duda el que mayor peligro corría era el príncipe Jude, heredero siguiente al trono, por la ausencia de heredero del terrible Aurelian. Ello lo mantenía aún a salvo, sus hermanas lo protegían y velaban por su seguridad. Mandaban a los médicos o curanderos a producir preparados de hierba a las concubinas del rey para que ninguna quedara en cinta.

Ellas, al igual que las princesas, eran maltratadas. Los castigos físicos como los latigazos eran frecuentes, pues el rey cruel deliraba mucho con la traición de sus allegados y de los campesinos. Todos eran un peligro potencial para su soberanía. Esa idea perduro hasta que por un descuido (aunque muchos aseguran que fue por la ambición de poder y mayores privilegios), una de sus favoritas quedo en cinta y pario un varón en una noche de luna llena.

La noticia de la concepción y nacimiento de su heredero lleno de satisfacción al soberano. Despertando también el instinto de protector, y la amenaza más cercana era su propio hermano menor, quien ya contaba con veintiún cosechas cumplidas. Por lo que, en los nueve meses que duró la gestación del niño, las princesas planearon un plan de escape para salvarse y a su hermano de las represalias del rey Aurelian.

Llegada la hora, cuando la mujer entro en labor de parto, el rey ordeno reforzar la seguridad de su heredero. Fue así fue que los guardias se concentraron, en su mayoría, a cuidar tanto el interior como el exterior de la torre de las favoritas. Preocupado por ese asunto, el rey descuido y se olvidó por un instante la persecución de sus hermanas y de la orden de ejecutar a su hermano.

El cruel gobernante se encontraba en el templo, ofreciendo sacrificios a los dioses, suplicaba de rodillas a las divinidades masculinas que acudiesen en su ayuda para que su hijo no tuviera complicaciones en su nacimiento. Y aunque consideraba a las mujeres inferiores, sabía que las diosas no eran simples mortales o plebeyas y podrían ensañarse contra él por todas las atrocidades cometidas, por lo que también suplico ayuda a los dioses para que alejaran la maldición de las diosas de él.

Mientras tanto, las princesas a sabiendas que no corrían peligro de ser capturadas ni torturadas y mucho menos asesinadas por los guardias (como ya estaba planeado) salieron de sus aposentos y se condujeron a una parte recóndita del reino, donde nadie, por lo menos Aurelian, no consideraría encontrar sangre real dentro de tanta miseria. En una casa humilde y casi roída por los fuertes vientos de la costa, se encontraba refugiado Jude desde el segundo año de gobierno de su hermano. En esa época aún ni cumplía las catorce cosechas, y desde esa edad tuvo que vivir con perfil bajo, lejos de los privilegios que le correspondían según su rango. Los años en que vivió fuera del palacio lo llenaron de sabiduría y conocimiento sobre la vida de los plebeyos, quienes ya consideraba como parte de ellos y de su familia.

Los campesinos veían en él no solo a su príncipe, sino también una oportunidad de cambio y mejora en la calidad de vida de todos. Jude en carne propia había presenciado la crueldad de su hermano. Sin embargo, era peor el martirio que sufría el pueblo. Junto a sus hermanas, vio cómo su país se sumía en épocas de escasez, lo que trajo consigo hambruna. Las pérdidas de las cosechas también representaron pobreza extrema, al ser tierras de comercio, los comerciantes no tuvieron mucho que ofrecer a los pocos visitantes que venían de ciudades pequeñas, a comparación de Grekaf.

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