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El paciente 317

La lluvia golpeaba el parabrisas con una fuerza insoportable.

Seonghyeon observó el edificio frente a él mientras apagaba el motor del auto. Era enorme. Antiguo. Gris.

El Hospital Psiquiátrico Saint Lazarus llevaba más de setenta años funcionando y, aun así, parecía detenido en el tiempo.

Las ventanas tenían barrotes.

Las paredes estaban cubiertas por enredaderas secas.

Y el cielo, completamente nublado, hacía que el lugar pareciera aún más frío.

Tomó aire antes de bajar del vehículo.

Era su primer día.

Había trabajado durante años para conseguir aquel puesto. Después de terminar la especialidad en psiquiatría, recibió una oferta inesperada para incorporarse al hospital más prestigioso del país en salud mental.

No dudó en aceptarla.

Jamás imaginó que el prestigio también podía dar miedo.

Las puertas automáticas se abrieron con un zumbido metálico.

El olor a desinfectante inundó sus pulmones.

En recepción, una mujer de cabello corto levantó la vista de unos documentos.

—¿Doctor Seonghyeon?

Él asintió con una sonrisa educada.

—Bienvenido. El director lo está esperando.

Mientras caminaba por los pasillos, observó todo con atención.

Pacientes sentados leyendo.

Algunos dibujaban.

Otros conversaban con enfermeros.

Todo parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Las paredes blancas reflejaban una luz fría que hacía imposible saber si afuera era de día o de noche. El silencio era tan profundo que el sonido de sus propios pasos retumbaba en el suelo.

Llegó hasta una puerta de madera.

Director Kim Jisoo.

Tocó dos veces.

—Adelante.

El despacho estaba impecable.

Estanterías repletas de libros, diplomas enmarcados y una ventana enorme desde donde se veía casi todo el hospital.

Un hombre de unos cincuenta años se levantó de su silla.

—Doctor Seonghyeon. Me alegra que haya llegado.

Se estrecharon la mano.

—Es un honor trabajar aquí.

—Espero que siga pensando lo mismo dentro de unos meses.

La frase sonó extraña.

Pero el director continuó hablando como si nada.

Le explicó el funcionamiento del hospital, los horarios, los protocolos y las normas.

Todo era bastante normal...

Hasta que abrió un cajón.

Sacó una carpeta gruesa.

La dejó sobre el escritorio.

No la abrió.

Solo apoyó la mano encima.

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