Te amo en esas formas raras
que no sabía que existían
hasta que apareciste vos
con tus ojos cansados,
tu manera de esconder emociones
y aun así dejarme entrar un poquito.
Te amo cuando te reís de verdad,
cuando hablás de películas,
cuando el café se enfría porque te colgás pensando,
cuando mirás la lluvia como si el mundo
hiciera menos ruido por un rato.
Y es raro,
porque con vos siento calma y vértigo al mismo tiempo.
Siento ganas de quedarme horas abrazándote
y también ganas de descubrir cada parte tuya
que todavía guardás en silencio.
Con vos puedo sentir hogar
sin estar en casa.
Puedo sentir que el tiempo baja la velocidad
cuando dormís al lado mío
y yo me quedo mirándote
como si descansar fuera algo sagrado.
Puedo sentir el pecho lleno
solo porque me mirás distinto.
Porque incluso en tus días malos
hay algo en vos que me hace elegirte.
Y te amo tanto
que ya no me alcanza decirlo simple.
Porque sos ese tipo de persona
que se mete despacio en la vida de alguien
y termina siendo imprescindible.
Te amo en la tranquilidad,
en el caos,
en las madrugadas,
en el silencio.
Te amo en todo lo que hacés sin darte cuenta,
y en todo lo que me hacés sentir
sin siquiera intentarlo
