Max apenas levantó la mirada cuando el guardia del pequeño supermercado del pueblo se acercó a la entrada. El tipo la observó de arriba abajo con una mezcla de duda y preocupación real, como si estuviera evaluando si ella venía de una fiesta... o de un naufragio.
Max Mayfield estaba hecha un desastre.
El cabello rojo recogido en un moño alto totalmente improvisado, con mechones sueltos pegados a la frente por el calor. Una camiseta vieja de Billy, arrugada, más grande de lo necesario, colgándole de un hombro. Short desgastado. Chanclas golpeando el suelo con cada paso lento. Y esa cara... esa cara de "no dormí, no desayuné y probablemente odio todo".
A su lado, Billy Hargrove caminaba como si fuera una extensión del caos, pero en versión más controlada: gafas de sol, mandíbula tensa, manos en los bolsillos, claramente irritado por estar ahí pero demasiado orgulloso como para admitir que también estaba agotado.
El guardia frunció el ceño.
—¿Estás... estás bien? —preguntó, dudando si acercarse más o no—. ¿Necesitas ayuda?
Max parpadeó lento. Demasiado lento. Como si su cerebro estuviera tardando tres horas en procesar la pregunta.
Miró al guardia. Miró a Billy. Miró el supermercado detrás. Y luego soltó un suspiro larguísimo.
—No estoy muriendo —dijo con voz plana—. Solo estoy... sobreviviendo.
Billy soltó una risa corta, sin humor real.
—"Sobreviviendo" es la palabra bonita para decir "esta casa nos está drenando el alma", ¿no?
Max le lanzó una mirada asesina.
—Cállate.
El guardia no parecía convencido. Dio un paso más cerca.
—Es que te ves... descompuesta.
Max bajó la mirada a sí misma como si recién se acordara de su existencia física.
Y ahí le cayó todo.
La ropa lavada colgando en algún hilo improvisado en la casa vieja porque la humedad había vuelto todo insoportable. El olor a encierro. La energía eléctrica fallando y los alimentos echándose a perder uno por uno. Neil intentando arreglar el sistema con Susan ayudándolo mientras ellos dos eran "mandados" como si fueran los únicos sin derecho a descansar. Sin desayuno. Sin café. Sin nada.
Y ella ahí, con la camiseta de Billy como uniforme oficial de desastre.
—Genial —murmuró Max—. Ahora hasta el guardia del súper piensa que soy un caso perdido.
Billy ladeó la cabeza.
—No "piensa". Confirma.
Max le dio un codazo directo en las costillas.
—¡Oye!
—¿Qué? Es verdad —dijo él, encogiéndose de hombros—. Te ves como si te hubieras peleado con una tormenta y la tormenta ganara.
El guardia carraspeó, incómodo.
—Si quieres puedo llamar a alguien—
—No —Max lo cortó rápido, por primera vez más despierta—. No necesito ayuda. Solo necesito... comida. Mucha.
Se quedó en silencio un segundo.
Luego agregó, casi como confesión:
—Y azúcar. Mucha azúcar.
Billy asintió de inmediato.
—Ahora sí estás hablando mi idioma.
El guardia finalmente dudó, pero los dejó pasar.
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Entre dos mundos
FanfictionHawkins vuelve a convertirse en el escenario de una batalla imposible cuando una nueva amenaza emerge del Otro Lado. Max Mayfield, Billy Hargrove y sus amigos deberán enfrentarse a criaturas aterradoras, conspiraciones ocultas y decisiones que pondr...
