La puerta del penthouse se cerró a mis espaldas y el aire cambió de golpe. Yoongi estaba de pie junto al ventanal, con una copa de whisky en la mano y la camisa desabotonada en el primer botón. No necesitó decir una sola palabra; su mirada oscura y directa me recorrió entera, absorbiendo cada gramo de la tensión con la que había cargado desde el departamento de Hobi.
—Te tardaste —su voz salió ronca, baja, cortando la distancia en dos zancudos antes de atraparme contra su pecho.
Sus labios buscaron los míos con una urgencia que rozaba la desesperación. Las manos de Yoongi se deslizaban por mi cintura, aferrándome como si temiera que en cualquier momento fuera a disolverme. Entre sus caricias ásperas y el calor de su piel, el mundo exterior dejó de existir. Cada beso con Yoongi era un escape, un fuego que quemaba la culpa y me devolvía la vida que creía extinta.
Las horas transcurrieron entre sábanas revueltas, susurros al oído y una pasión cruda que desafiaba todos los límites de la prudencia. Estar en sus brazos era rendirme al caos más hermoso y prohibido.
A la mañana siguiente, la luz del sol se filtraba con fuerza por los ventanales. El contraste entre la paz del departamento de Yoongi y la realidad que me esperaba era abrumador. Me vestí en silencio, sintiendo el peso de la medianoche anterior sobre mis hombros. Cuando bajé del taxi frente a nuestra casa, mis manos temblaban ligeramente.
Abrí la puerta con cautela, esperando encontrar el silencio habitual o a Hobi trabajando en su estudio. En su lugar, lo encontré sentado en la mesa de la cocina. La luz de la mañana iluminaba su rostro cansado, pero lo que me paralizó no fue su expresión de agotamiento, sino la laptop abierta sobre la mesa y mi propio teléfono viejo parpadeando junto a sus manos.
Se había enterado.
—Hobi... —intenté hablar, pero la voz se me quebró en la garganta.
Hobi levantó la vista. No había gritos en sus ojos, ni la furia ciega que temía encontrar. Solo había un dolor profundo, un vacío que me desgarró por dentro de inmediato. Se puso de pie lentamente y caminó hacia mí.
—¿Por qué, Jimin ? —su voz apenas era un susurro roto—. ¿Tan mal estamos? ¿Por qué buscar en otro lado lo que se supone que debíamos construir juntos?
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas sin que pudiera evitarlo. No pude mentirle; mirándolo a los ojos, con el peso de la culpa aplastándome, confesé lo innegable: cuánto lo amaba, cuánto me ahogaba la monotonía y cómo Yoongi se había convertido en un refugio incontrolable.
Hobi escuchó cada palabra en completo silencio, con las manos apretadas en puños a los costados de su cuerpo. Temí que me dijera que se acabó, que hiciera las maletas y me echara de su vida para siempre. Pero cuando terminó de hablar, soltó un suspiro tembloroso que lo quebró aún más.
—No voy a dejarte ir —murmuró, negando con la cabeza mientras se acercaba y me tomaba del rostro con suavidad, secando mis lágrimas con sus pulgares—. Te amo demasiado como para perderte, incluso sabiendo que parte de tu corazón está con él. Si la única forma de retenerte es aceptarlo... lo haré. No quiero vivir sin ti.
Su propuesta me dejó sin aliento. Un poliamor nacido del dolor, de la desesperación por no perder lo que fuimos y del miedo a soltar lo que somos.
Semanas después, la dinámica se había transformado en un frágil pero intenso equilibrio.
Esa noche, la atmósfera en el departamento era completamente diferente. Yoongi estaba sentado en el sofá con una expresión ilegible, cruzado de brazos, mientras Hobi cerraba la puerta tras de sí y dejaba las llaves en la entrada. La tensión inicial entre ambos era palpable; los dos hombres que ocupaban mi vida se encontraban por fin en el mismo espacio, bajo las mismas reglas que habíamos decidido trazar.
Hobi respiró hondo, cruzó la sala con paso firme y se detuvo frente a Yoongi. Hubo un intercambio de silencios cargados de orgullo, de historia compartida y de un respeto forzado por mí.
—Sé que las cosas no son normales —dijo Hobi finalmente, con una sinceridad aplastante en la voz, mirando directamente a los ojos a Yoongi—. Pero la amo. Y si ella te ama a ti también, voy a aprender a compartirla. No pienso ser el obstáculo entre su felicidad.
Yoongi lo evaluó en silencio durante unos segundos eternos. Un destello de sorpresa cruzó su mirada, seguido de una media sonrisa cínica pero cargada de una extraña aceptación.
—Eres un blando,como te llamas a sí verdad Hoseok —respondió Yoongi con su tono ronco habitual, poniéndose de pie para quedar a su misma altura—. Pero supongo que tienes buen gusto.
Me acerqué a ellos sintiendo que el corazón me latía a mil por hora. Hobi me rodeó la cintura con un brazo, con esa calidez familiar que tanto extrañaba, mientras Yoongi extendía la otra mano para tirar de mí hacia su pecho, reclamando su parte del espacio.
Ya no había secretos que ocultar, ni coartadas que inventar con Namjoon a altas horas de la noche ( el que tanto me ayudó y creía que esto que hacía era una locura) . Solo éramos los tres, navegando en un territorio desconocido, donde el amor y la pasión habían encontrado una manera inusual, pero perfecta, de coexistir.
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HISTORIA DE TRES
FantasyLa monotonía de una relación de años de Jimin con Hobi empuja los límites del deseo hacia una peligrosa y secreta pasión en los brazos de Yoongi, con la complicidad silenciosa de Namjoon. Cuando la verdad sale a la luz, el dolor se transforma en un...
