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Capitulo 1.

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Capítulo 1. La llegada bajo la luna

La luna estaba alta y pálida aquella noche de mayo de 1980, como si observara sin piedad lo que ocurría en la pequeña casa de campo al borde del bosque.

Las comadronas hablaban en voz baja, urgentes, mientras sujetaban las manos de Lake Dawnson. La joven apenas tenía dieciocho años.

Sudaba, temblaba, pero no emitía ni un solo sonido. No podía. Lake era sorda y muda desde que tenía memoria. Su belleza, sin embargo, parecía prestada de otro mundo: piel luminosa, cabello dorado que se adhería a su frente húmeda y unos ojos grandes, casi hipnóticos. Había quienes susurraban que en su sangre corría algo de veela, y esa noche, retorciéndose de dolor, la leyenda parecía más real que nunca.

-Empuja, cariño... una vez más -le dijo una de las comadronas, hablando despacio para que pudiera leerle los labios.

Lake obedeció. Con un último esfuerzo mudo, la niña llegó al mundo.
Era pequeña. Silenciosa. Abrió los ojos casi de inmediato, oscuros y serios, como si ya estuviera evaluando el lugar al que había llegado. Una de las comadronas la envolvió en una manta limpia mientras la otra atendía a la madre.

Lake extendió los brazos. Le entregaron a la bebé. La joven la miró durante un largo rato, con una expresión que mezclaba agotamiento, ternura y algo parecido al miedo. Luego, con manos temblorosas, pidió papel y pluma.
Escribió durante casi una hora.
La carta que llegó a manos de Severus Snape dos días después era larga, detallada y desesperadamente honesta. Le contaba todo. Absolutamente todo. La noche de borrachera, el error, el miedo, el embarazo que había intentado ocultar el mayor tiempo posible... y el nombre que ella hubiera querido ponerle a la niña, aunque dejaba la decisión final en sus manos.

Severus tenía veinte años.
Llegó a la casa de campo una tarde gris, con la capa aún manchada del polvo del camino. No llamó. Simplemente entró cuando una de las comadronas le abrió la puerta.

Lake estaba sentada junto a la cuna, peinándose el cabello con dedos lentos. Al verlo, se puso de pie de inmediato. Lo saludó con una inclinación de cabeza y una sonrisa pequeña, casi tímida. Luego comenzó a hacer señas rápidas, fluidas, mientras movía los labios formando palabras que él no podía oír.
Severus no entendió ni la mitad.
Se quedó quieto en el umbral de la habitación, observando a la mujer que apenas conocía y a la criatura que dormía en la cuna de madera. Lake se acercó, tomó su mano con delicadeza y lo guió hasta la bebé. Señaló a la niña, luego a él, y después se tocó el pecho.
Severus se inclinó.

La pequeña tenía la cabeza con una forma particular que le resultó familiar... y unos ojos que, aunque cerrados, prometían ser intensos. No se parecía a él.

Apenas. Y sin embargo, algo en el silencio que la rodeaba le resultó extrañamente propio.

Lake le entregó un pequeño pergamino doblado. En él, con letra temblorosa, había escrito una sola pregunta:

¿La vas a reconocer?

Severus miró a la mujer. Luego a la niña. Y por primera vez en mucho tiempo, no buscó una respuesta ingeniosa ni un escape.

-Se llamará Eileen -dijo en voz baja, sabiendo que ella leería sus labios-. Eileen Lillian Snape.

Lake cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, asintió. Y aunque no podía hablar, la gratitud en su rostro fue más clara que cualquier palabra.

Esa misma noche, bajo la misma luna que había presenciado el nacimiento, Severus Snape aceptó la responsabilidad de una hija que nunca había planeado tener.

Y en la cuna, Eileen Lillian Snape dormía en silencio, ajen a todo lo que el mundo mágico aún le debía enseñar.

Entre serpientes y silenciosStories to obsess over. Discover now