El sonido de mis zapatos golpeando el mármol del hall es lo único que puedo escuchar, si mi mamá estaría conmigo probablemente me obligaría a no arrastrar los pies, pero me es imposible, me quedan enormes y me sobra en el talón.
Tac.
Tac.
Tac.
Cada paso que daba aceleraba más los latidos de mi corazón, parecía un metrónomo sobre-acelerado. Chequee cómo por décima vez mi celular, con la pantalla toda partida pero funcional, la dirección del edificio. Avenida del Libertador 3821. Sí, ya había llegado. Respiré hondo tratando de bajar las revoluciones. Llevé las manos a mis cachetes rojos por la caminata, pero fue en vano, las tenía más calientes y traspiradas.
—Bueno, Cata... —me dije en mitad susurro, mitad aire cortado. — Si vas a hacer un papelón, al menos que sea en un edificio cheto.
Miré un segundo la fachada, un edificio imponente con ventanas vidriadas. Había leído en internet que la arquitecta que lo construyó venía de la India. Para qué? me pregunto, me vas a decir que en Buenos Aires no va a haber un buen arquitecto? Como detesto a los porteños que siempre creen que lo de afuera es mejor. Flat White caramel mi poronga.
Empujé la puerta giratoria para ingresar, de esas gigantes como se ven en las pelis yanquis. No me sorprende. Apenas puse un pie en el interior, me golpeó un aroma denso a café recién molido mezclado con perfumes caros. Esos aromas que jamás oliste en tu vida. Como esos colores que nunca viste porque el ojo no tiene la capacidad para ver, pero en este caso porque mi bolsillo no tiene la capacidad de solventar. Siento que todos los que cruzan a mi alrededor son dueños de un mono ambiente en Recoleta. Elegantes. Sofisticados. Hijos de... Todo está súper brillante. Los pisos reflejan las luces del techo, las paredes de espejos están tan limpias que si no me avivaba capaz buscaba seguir caminando por ahí. Lo que me faltaría, chocarme con un ventanal. Hasta las plantas de interior cobran expensas más caras que mi alquiler. Sentí el impulso de levantar un pie para chequear si mis suelas traían barro de la calle. Por suerte no. Aun así, el sentimiento de que estoy ensuciando todo me apabulla.
A lo mejor es el blazer. Me lo prestó Sofi, mi compañera de departamento. Dimos vuelta el ropero para encontrar algo decente.
Si vas vestida como estudiante universitaria, ni te van a mirar. Me dijo.
Terminé con un saco color crema que me bailaba en los hombros y un pantalón de vestir al que le tuve que doblar la bota dos veces para no pisarlo. Además, los zapatos que me estaban destrozando los pies desde que me había subido al colectivo en Constitución. Y encima me iban flojos.
Pero los zapatos eran lo de menos; lo peor era esa voz insoportable que reaparecía en mi cabeza una y otra vez:
"Viniste al pedo, seguro ni quedás."
"Hay gente mil veces más preparada."
"Viniste desde un pueblo perdido de Santa Fe para competir con chicos que hablan tres idiomas."
"Seguro ya hay alguien acomodado y la entrevista es humo."
Medio difícil ignorar mis pensamientos, capaz una gran parte era verdad. También es cierto que estoy cagada en las patas.
Frente a mí, una pantalla gigante de alta definición reproducía un video institucional: atletas de elite, entrenamientos de alto rendimiento, productos de diseño impecable. De pronto, la imagen cambió y apareció él: Lisandro Martínez.
Aunque en todo el país lo conocen como el Licha.
El video lo mostraba bajando de una camioneta negra mientras un enjambre de periodistas intentaba conseguir una declaración. No sonreía, no saludaba, no miraba a las cámaras. Solo caminaba con paso firme. Un texto al pie de la pantalla anunciaba: Champion Nutrition vuelve a liderar el mercado argentino por quinto año consecutivo.
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OFF SIDE - Licha Martinez
FanfictionHay partidos que se pierden. Hay otros que te cambian la vida. Después de convertirse en el hombre más odiado del país, Lisandro Martínez desapareció del fútbol para construir el imperio deportivo más exitoso de Argentina. Catalina Suárez apenas sab...
