La pesadilla había terminado para todo Auradon después de la amenaza.
La misión había llegado a su fin. Maddox, el Sombrerero, fue derrotado y permaneció encerrado bajo la estricta vigilancia de los guardias de la Reina de Corazones.
La Reina de Corazones y todos en Auradon fueron salvados por los nuevos héroes y estudiantes de la preparatoria Auradon: Red, Chloe, Hazel, Luis, Pink, Max, Félix y los gemelos.
Para celebrar la victoria, organizaron una gran fiesta en el jardín del castillo.
Había música, luces mágicas y mesas llenas de deliciosas comidas para que todos pudieran disfrutar. Todos bailaban y se divertían alegremente.
Pero, entre toda esa felicidad, existía una tensión inexplicable entre dos personas que creían odiarse, aunque en realidad estaban equivocados: Luis y Max.
Comenzaron a bailar juntos y, después de tomar una que otra copa, empezaron a hablar. Luis se dio cuenta de que todo lo que le había dicho a Max no era verdad.
Él solo necesitaba el amor que había tenido antes de que la línea temporal cambiara.
Cuando estaban a punto de levantarse del lugar donde se encontraban platicando, las copas comenzaron a hacer efecto. De pronto, sintieron algo extraño.
Una atracción el uno por el otro.
Poco a poco se fueron acercando y, cuando ambos se dieron cuenta, sus labios ya estaban unidos.
Los brazos de Luis rodearon la cintura de Max, mientras que Max rodeó su cuello. En un instante, pasaron de estar en el jardín, en medio de la fiesta, a encontrarse en uno de los tantos cuartos de huéspedes del castillo de Red.
Luis, llevado por la adrenalina y la pasión, aventó a Max sobre la cama. Después pasaron una noche inolvidable que jamás olvidarían, una noche que marcaría el comienzo de estar juntos para siempre.
A la mañana siguiente, cuando se levantaron y bajaron a desayunar, Red notó tres pequeñas marcas en el cuello de Max.
Al principio no quería decir nada, pero la curiosidad terminó ganándole.
—Oye, Max, ¿qué son esas marcas que tienes en el cuello?
Max no se había dado cuenta de ellas. Pero, cuando Red le hizo la pregunta, se miró en el espejo y vio los tres chupetones que Luis le había dejado la noche anterior.
—Maldito seas, Luis... No soy un animal para que me estés marcando —susurró Max.
Red lo escuchó.
—¿Dijiste algo, Max?
—No, no dije nada —respondió rápidamente.
Red lo miró con curiosidad.
—No me has contestado lo que te pregunté, Max. ¿Qué secreto escondes?
—No es nada. De seguro fueron mosquitos o, a lo mejor, me ha de haber salido un pequeño brote de alergia.
Max se sentó en la mesa y, después de un momento, volteó hacia otro lado.
Ahí estaba Luis, sentado y mirándolo.
Cuando Max se dio cuenta, Luis le lanzó una sonrisa y, al mismo tiempo, le hizo un guiño. Eso hizo que Max apartara rápidamente la mirada.
De pronto, Red se dio cuenta de que Max y Luis escondían un pequeño secreto.
Y ella tenía que averiguar cuál era.
Cuando terminaron de desayunar, todos fueron enviados a la preparatoria Auradon por los guardias de la Reina de Corazones.
Al llegar, los estaban esperando la directora Uma y el Hada Madrina.
El Hada Madrina les agradeció por haber salvado la escuela, a la Reina de Corazones y a Cenicienta. Sin embargo, también les recordó que habían corrido mucho peligro al enfrentarse a Maddox por su cuenta.
Por esa razón, recibirían un castigo por haber desobedecido las órdenes del Hada Madrina y de la directora Uma.
—Pero pueden regresar a sus clases normales. Yo les avisaré cuál será su castigo.
Después de decir eso, el Hada Madrina continuó:
—Cuando terminen las clases, tendrán que limpiar la biblioteca. Todos. Ese será su castigo por desobedecer a la directora Uma y a mí.
Pasaron los días y todo parecía estar más tranquilo que antes.
Una mañana, Max se despertó como siempre. Sin embargo, ese día algo iba a cambiar radicalmente su vida.
Cuando se disponía a levantarse, de repente le dieron unas enormes ganas de vomitar. Corrió al baño y comenzó a hacerlo.
Pensó que quizá había comido algo que le había caído mal.
Hazel se levantó y se apoyó en el marco de la puerta.
—¿Estás bien, Max?
—Sí. De seguro fue algo que me cayó mal. Estoy bien.
Max se levantó, se enjuagó la boca, se lavó los dientes, se alistó y se fue a clases como todos los días.
Cuando terminaron las clases, todavía no era tan tarde. Max llegó a su habitación con mucho sueño.
Eso les pareció extraño tanto a él como a Hazel, porque casi nunca se dormía temprano. Aun así, Max terminó quedándose dormido.
Pensó que quizá se debía a que había sido un día muy pesado.
Al día siguiente, Max se despertó y volvió a ocurrirle lo mismo.
Nuevamente, sintió ganas de vomitar y se fue al baño.
Hazel también se levantó y esta vez le pareció todavía más extraño.
—Esto ya no es normal, Max. Puede pasarte dos días seguidos, incluso tres, pero aun así tenemos que ir a la enfermería saliendo de clases.
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Una noche que cambió todo
FanfictionUna historia de amor apunto de empezar Solo una noche bastó para que todo cambiara. Entre la fuerza de Luis y la sensibilidad de Max surge un secreto que los pone a prueba: un embarazo inesperado que despierta temores, dudas y un futuro incierto...
