La luz del alba se filtraba por la gran ventana que adornaba su elegante y espacioso aposento. No deseaba despertar para tener que lidiar con algún insignificante sirviente o con aquellas personas que consideraba inferiores a él; no quería ser importunado.
Pero, como si los dioses le guardaran rencor, justamente aquel día alguien llamó con suavidad a la puerta de madera. Era un mensajero que anunciaba que su padre deseaba verle. No añadió palabra alguna; se aseguró únicamente de que el mensaje fuera recibido antes de retirarse, sin esperar respuesta por parte del contrario.
Suspiró y decidió moverse con paso pausado; no tenía prisa, pues no le complacía en lo más mínimo tener que acudir ante su padre. Ignoraba si este habría de reprenderlo por alguno de sus tantos actos poco gratos a los ojos de los demás.
Se vistió y abandonó sus aposentos sin demasiado ánimo.
El príncipe caminó con parsimonia por los corredores del castillo, ignorando las miradas de los sirvientes.
Se detuvo ante las grandes puertas del salón principal. Suspiró con pereza antes de disponerse a abrirlas. Lo primero que divisó al cruzar el umbral fue a su padre conversando sobre asuntos de importancia con su tío Baelor. Sin demora, se acercó a ellos.
—Buenos días, padre. Tío Baelor. Espero no interrumpir.
Dijo mientras tomaba lugar junto a ellos, al lado de su hermano mayor, Daeron, a quien dirigió una mirada de evidente disgusto. A aquellas horas, parecía todo menos sobrio.
Al tomar su lugar a su lado, le susurró apenas audible:
—Me resulta sorprendente que aún puedas mantenerte en pie; no pareces estar en tus cabales a estas horas.
Daeron decidió ignorarlo y prestar total atención a su padre, quien estaba a punto de tomar la palabra.
Maekar, quien parecía tan rígido y severo como una piedra, habló con firmeza:
—Valarr llegará pronto. Cuando se encuentre aquí, podré dar inicio.
Al escuchar el nombre de Valarr, una chispa de disgusto y molestia apareció en el rostro de Aerion al instante, intensificándose aún más cuando vio aquella silueta cruzar el umbral de la habitación. Parecía intentar ocultar lo desaliñado y agitado que se encontraba en ese momento. Seguramente había tenido que apresurarse para llegar, pensó Aerion. Qué ridículo.
—Lo siento, padre. Tío Maekar, tuve un percance mientras me dirigía hacia aquí.
Su respiración aún era irregular; parecía cansado, algo realmente extraño de contemplar en él. Aquellos pequeños detalles que para los demás pasaban desapercibidos eran precisamente los que Aerion encontraba dignos de observar. Su llegada tardía, su aspecto menos pulcro de lo habitual, aquella imperfección que contrastaba con la imagen impecable que siempre intentaba mostrar ante todos. Ridículo, pensó una vez más.
—No te preocupes, Valarr —respondió Maekar con total calma—. Ya podemos comenzar.
Su padre los había convocado para tratar un asunto de gran importancia para la casa: un matrimonio arreglado con Kiera de Tyrosh. Aquella unión con la noble familia de la ciudad libre no solo representaba una alianza conveniente, sino también una oportunidad para fortalecer la posición de su linaje y asegurar futuras alianzas políticas.
Sin embargo, para algunos de los presentes, aquello no era más que un acuerdo sellado por el deber y la conveniencia, un vínculo decidido antes de que sus propios deseos pudieran siquiera ser considerados.
—Uno de ustedes dos será comprometido con Lady Kiera —comentó Maekar, señalando a Daeron y a Valarr.
Por un instante, Aerion se preguntó quién sería el elegido, pero la respuesta evidente cruzó su mente con rapidez. Claramente, Lady Kiera escogería a Valarr sin dudarlo.
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Una Mentira Entre Nosotros
FanfictionAerion descubre un secreto capaz de destruir la imagen perfecta de Valarr. Lo que comienza como una oportunidad para usarlo en su contra pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Mientras intenta desentrañar la verdad detrás del heredero impe...
