Madrid, España.
Era lunes por la mañana, exactamente las 7:00 am. Otro día de universidad.
Abrí solamente un ojo, pero los rayos del sol me obligaron a cerrarlo de inmediato, lo cerré rápidamente y traté de apagar el despertador que sonaba como loco.
Me levanté de la cama y sentí un escalofrío recorrerme la espalda, era de esperarse, estaba durmiendo jodidamente bien.
Caminé hacia mi armario y elegí unos pantalones anchos, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero. Nada demasiado elaborado. En cuestión de minutos ya estaba lista, me maquillé un poco, me puse mis zapatos favoritos, solo me faltaba mi accesorio estrella, el perfume.
—Por si me besa, por si me abraza y por si se pasa—susurré. Muy mexicano de mi parte ¿no?
Tomé mi bolso y salí de casa, no sin antes tomarme una foto y subirla a Instagram, siempre hacía eso, es como una costumbre. Pero basta de hablar de mi rutina. Lo interesante viene ahora, porque ahora les contaré de mi vida que es lo más importante...
Mi nombre es Renata Mendoza, mis amigos me dicen Reni, tengo veinte años, me mudé a Madrid cuando tenía apenas quince, no pregunten cómo lo logré porque ni yo sé.
Mi historia es complicada, no llevo una relación predeciblemente "sana" con mis padres, recuerdo que me escapé de México cuando todavía era una pequeña adolescente experimentando su futuro.
Empaqué lo que pude de mi casa y me largué sin mirar atrás, si ahora me preguntan si me arrepiento, para nada, fue lo mejor que pude hacer.
Yo era solamente una niña...
Y mi madre, esa señora que me da asco decirle madre, permitía todo lo que mi padre me hacía, o bueno, se hacía oídos sordos, ella llegaba borracha a casa, siempre.
Cuando estaba sobria, yo era su tesoro, cuando estaba ebria, era una bastarda.
Por eso, un día no lo soporté más y me fui a vivir con mi tía Carolina en Madrid, ella era la única que me ayudaba, que me daba dinero para sobrevivir, incluso intentó llevar a mi madre a un centro de rehabilitación, fue un fracaso.
Viví con ella 4 años, llegué a un punto en el que sabía que ya no podía vivir con ella de arrimada, así que alquilé un departamento cerca de la universidad, llevo viviendo aquí desde hace aproximadamente un año.
Nadie conoce mi pasado. Y espero que siga siendo así.
✧・゚: *✧・゚:*.
Me encontraba en el aula de inglés, mi asiento solía ser enfrente, puesto que mis notas institucionales eran demasiado altas, siempre fui inteligente.
Saqué mis cuadernos, dispuesta a prestar la máxima atención a la clase.
Un detalle importante que me faltó mencionar, tengo dos mejores amigos en esta aburrida escuela y esos dos mejores amigos se dignaron a no llegar.
¡Que excelente día!
— Renata, ¿tu sabes por qué tarda tanto el profe Mark? — preguntó Mónica; una compañera de clase.
—Creo que está en licencia médica, se enfermó de un virus.
—Vale, muchas gracias Reni— seguido de eso, entró la directora con una carpeta en mano.
—Buen día chicos, les tengo un aviso muy importante, favor de prestar atención. Al profesor Mark le ha dado un virus muy fuerte. por eso, decidimos sustituirlo por otra profesora, ustedes no pueden perder clases, no ahora que solo les queda un año para graduarse. Ella estará aquí hasta que el señor Mark se recomponga. —expresó la directora.
—Bien, ella no solo será la suplente, sino también ella será su tutora, podrán acudir a ella cuando lo necesiten. Bueno chicos, me despido. Gracias por su atención, las dejo con la profesora Domińczyk —Dios, que apellido tan más raro.
La directora se fue y entró la nueva profesora, llevaba un pantalón de vestir negro, una camisa blanca perfectamente planchada y unos tacones discretos. un maquillaje sutil, discreto pero marcado. Su cabello castaño iba recogid en una coleta impecable y sus ojos azules... bueno, esos ojos parecían incapaces de mirar a alguien sin dejarlo completamente desarmado.
Puedo afirmar que ella no es de aquí, sus rasgos son diferentes, tan linda, tan elegante que me cuesta descifrar que es real.
Y por alguna extraña razón, no puedo dejar de mirarla; de observarla.
—Muy buenos días chicos, mi nombre es Helena Domińczyk y seré su tutora por unas semanas.
—Profesora... con todo respeto, creo que acaba de subir muchísimo el promedio de belleza de esta Universidad.—dijo uno de mis compañeros, la profesora esbozó una sonrisa. ¡Joder, que linda sonrisa!
—Gracias por el cumplido jovencito — hizo una breve pausa y después continúo—Bien, les voy a explicar las reglas de mi clase, podré ser una suplente, pero mi clase se respeta.
—¿Usted no es de aquí verdad profesora? —dijo una de mis compañeras. Por fin le preguntaron lo que más anhelo saber.
—No responderé su pregunta señorita, soy su profesora no una amiga, y por ende no doy información privada de mi vida. —dijo la señora bonita; ósea la profesora.
Después de ese incómodo momento terminó la clase con la señora bonita. Recogí mis cosas del pupitre y, al momento de salir, alguien me tomó del brazo.
—Señorita Smith necesito hablar con usted—dijo esa hermosa mujer.
—Si claro, ¿Qué necesita? — dije caminando otra vez para adentro y sentándome en el escritorio de la señora bonita.
—Necesito saber si usted podría explicarme los temas que están viendo, pasa que el profesor Mark me dejó un temario, pero no le entiendo mucho y él me dijo que recurriera a usted ya que es una de las más aplicadas en la materia, ¿le parecería bien?
—Por supuesto, no tengo ningún problema en ayudarla señora...
Mierda.
—...bonita.
Eres una completa bruta Renata.
—Que adorable es usted señorita. En fin, nos vemos a las cuatro de la tarde en la cafetería que está por la esquina de la universidad. ¿Le parece bien? — propuso la profesora, sentía las manos sudorosas. Estaba convencida de que mi corazón se escuchaba desde el otro lado del escritorio.
—Me parece perfecto, nos vemos profesora.
Salí del aula y fui a mis respectivas clases. La verdad estaba feliz, mi corazón latía súper rápido, tal vez salir con la señora bonita me ayudaría a despejar mi mente...
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Entre Tazas y Secretos.
Fanfiction¿Cómo se sigue viviendo cuando el final tiene fecha? Renata solo quería terminar la universidad y dejar atrás un pasado del que jamás habla. Pero todo cambia cuando Helena Domińczyk, una profesora polaca de inglés, llega a sustituir a uno de sus ma...
