Niño Maldito

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Ciudad Kuoh, específicamente, su academia.

¿Nada muy serio debería de estar pasando en un lugar así, no?

Era más bien todo lo contrario. En la ignorancia para los habitantes de la ciudad, su destino estaba siendo decidido en medio de los terrenos de esa institución.

Kokabiel, uno de los líderes de la raza conocida como los ángeles caídos, estaba llevando un plan completamente egoísta y para sus propios deseos.

Habiendo robado la mayoría de los fragmentos de la espada sagrada, Excalibur, planeaba fusionarlos e iniciar una nueva guerra santa entre las 3 grandes Facciones.

Las responsables de detener esto, eran las herederas de los clanes demoníacos Gremory y Sitri: Rias Gremory y Sona Sitri. Mientras la primera se encargaba de intentar contener al cadre durante una hora, lo suficiente como para que llegarán los refuerzos del Inframundo.

Sona Sitri, junto a su séquito, eran los responsables de mantener encendida una barrera que no permitía que alguno de los ataques ahí realizados saliera y dañara el exterior.

A pesar de que todo lo que estaba sucediendo estaba contenido en esa barrera, la líder del séquito, Sona, podía sentir las fluctuaciones de poder, tanto demoníaco como sagrado. ¿Qué estaba pasando ahí dentro? ¿Quién estaba ganando?

La ansiedad se apoderaba de ella, pero no podía demostrarlo, si el Rey se veía afectado en su rendimiento, lo mismo pasaría con sus siervos. Mas no podía evitar preguntarse, ¿quién iba ganando? ¿Su amiga de la infancia, o el enemigo?

La situación era particularmente difícil. El grupo Gremory era talentoso como demonios jóvenes, pero totalmente inexpertos. Esperar que pudieran contra un ser milenario como lo era alguien que era mencionado en textos sagrados, era, una idea totalmente imposible.

A pesar de que era muy buena ocultando su sentir, no pasó inadvertido por su segunda al mando, su Reina, Tsubaki Shinra.

—Kaichō. El grupo de Rias-sama es fuerte, pero si me permite ser honesta, esperar que ganen contra alguien al nivel de Kokabiel es excesivo.

—Lo sé, Tsubaki. —Muy en el interior, Sona sabía que sí los refuerzos no se apuraban, el resultado sería uno catastrófico para su amiga y sus siervos, sin excepción—. Solamente queda esperar lo mejor.

Cuando su Reina estaba por contestarle, un sonido particular se escuchó desde el área.

Eran constantes, sin prisa alguna. Al principio pensaron que era una especie de líquido cayendo al suelo; no tardaron en realizar que eran pasos de un externo, frecuentes, cada vez más cerca.

Se colocaron lo mejor que pudieron en guardia, ya que si se despegaban o se movían, la barrera sería deshecha.

No tardaron en verlo... y sentirlo.

Era un joven de la edad de su ama, piel blanquecina y cabello negro con ciertos toques azulados oscuros. Sus ojos eran de un color violeta demasiado profundo, acompañados de unas cejas finas.

Lleva una chaqueta blanca holgada con mangas que le llegan hasta los antebrazos. Usaba pantalones negros ajustados metidos dentro de zapatillas blancas a juego con la chaqueta. Cargando una funda de katana con el arma envainada en su cintura.

No era muy intimidante. Sin embargo... estaban temblando. Todo debido a la sensación que estaba proviniendo de su cuerpo tal como lo haría un mal antiguo. Era un poder espeluznante y ominoso, que no parecía tener un fondo detectable a pleno análisis.

No era un demonio, tampoco humano. O al menos no del todo.

Cada gramo de ese único poder al que realmente no podrían comparar con nada que hayan vivido antes viajaba libremente fuera del cuerpo de ese chico. Era... aterrador.

Sangre De Caído... ¿o Maldita?Stories to obsess over. Discover now