Renato, el reno, no era un reno cualquiera, era la cara oficial de Telcel.
Ese día le había tocado ser la mascota en una convención de anime, entre puestos de manga, figuras y luces de neón, ahí estaba él, en el stand de Telcel, saludando a la gente, tomándose fotos, haciendo su deber.
Y entonces la vio.
A lo lejos, entre la multitud, una cosplayer esa era Daymich.
Para Renato fue como subir hasta el cielo y caer de golpe, fue como ver un atardecer, sabe que es hermoso, pero tambien sabe que no va a durar para siempre, es algo fugaz he inalcanzable.
Quiso seguirla, pero no podía, su deber era cuidar el puesto, se quedó ahí, firme, con el corazón latiendo más fuerte que nunca.
Cuando por fin tuvo su descanso, corrió a buscarla, buscó entre pasillos y puestos, pero Daymich ya se había ido, la había perdido.
Tiempo después, el destino hizo de las suyas.
Renato se la encontró de nuevo, esta vez no traía cosplay, estaba grabando un video de "¿Soy el malo?" Al principio no la reconoció.
Pero mientras la observaba, algo lo cautivó, su voz, su forma de reír, su forma de ser, y luego, sus ojos. Esa misma mirada de la convención, ERA ELLA, Era Daymich.
Se armó de valor, esperó a que terminara de grabar y se acercó a hablarle.
Daymich se quedó confundida, tenía a un reno hablándole de frente.
"No sé, debe ser alguien en un disfraz", pensó.
Eso le dolió a Renato, no era un disfraz, él siempre fue un reno, El Reno Renato.
Pero no se rindió, la siguió viendo a lo lejos, hasta que volvió a armarse de valor por segunda vez.
Esta vez le propuso algo infalible: invitarla a comer una pizza de Little Caesars, apostó por la gastronomía típica de Querétaro para cautivarla.
Después de tanto insistir, Daymich aceptó darle una oportunidad.
Y salieron una vez, y luego otra y otra.
Poco a poco, el amor entre los dos fue creciendo y creciendo, hasta que se volvió algo muy bonito, algo sincero.
Daymich y Renato.
La recarga que nunca termina, Telcel.
