El sonido del móvil rompió el silencio de la casa. Eran poco más de las diez de la mañana. Yo seguía tirada en el sofá, con una manta hasta la barbilla y un bol de cereales sobre la mesa. La televisión estaba puesta, aunque ni siquiera la estaba viendo. Mi padre estaba en la cocina y mi padre había salido hacía un rato. En cambio mi hermano... Llevaba dando vueltas por el salón desde hacía casi veinte minutos.
-Pedri, por favor... -me quejé sin apartar la vista del móvil-. Me estás poniendo nerviosa.
-Es que tiene que llegar.
-Llegara cuando tenga que llegar.
Se pasó una mano por el pelo y volvió a mirar el teléfono.
-Ya pero...
No terminó la frase. El móvil empezó a sonar. Los dos nos quedamos congelados. Él miró la pantalla y sonrió de golpe.
-Es.
Se levantó tan rápido que casi tira una silla al suelo.
-¡Contesta ya! -grité riéndome.
Cogió aire antes de descolgar.
-¿Sí?... Hola míster.
Su expresión pasó de nervios a una sonrisa enorme. Yo intentaba adivinar la conversación por su cara. Asentía. Sonreía. Y de repente...
-Muchísimas gracias. No le voy a fallar.
Colgó. Nos miró durante dos segundos. Y empezó a gritar.
-¡¡VOY AL MUNDIAL!!
-¡¡¿QUÉ?!!
Salté del sofá y me lancé encima de él.
-¡¡LO SABÍA!!
Los dos empezamos a dar vueltas por el salón mientras nos reíamos como dos niños pequeños. Mi madre apareció desde la cocina con las manos llenas de harina.
—¿Qué pasa? ¿Quién ha roto algo?
—¡Mamá! —dijo Pedri abrazándola—. ¡Voy convocado!
Ella tardó dos segundos en reaccionar.
Luego empezó a llorar.
—Ay, mi niño...
Mi padre entró justo en ese momento.
—¿Qué ocurre?
—¡¡QUE PEDRI VA AL MUNDIAL!!
Mi padre dejó las bolsas en el suelo y abrazó a mi hermano con una sonrisa que pocas veces le había visto. Durante varios minutos solo hubo abrazos, felicitaciones y llamadas. Primero los abuelos.Luego los tíos. Después amigos. El móvil no dejaba de sonar. Mientras todos hablaban, yo observaba a mi hermano. Siempre había sido su mayor sueño. Y ahora estaba a punto de cumplirse.
Unas horas más tarde, la casa volvió a quedarse en silencio. Solo estábamos nosotros dos en el salón. Él preparaba una lista de todo lo que tenía que llevar. Yo estaba tumbada boca abajo en la alfombra.
—Te voy a echar muchísimo de menos.
Levantó la vista.
—Yo también.
Hice un puchero.
—Qué dramática soy.
—Muchísimo.
Le lancé un cojín.
—Gilipollas.
Lo esquivó riéndose.
—¿Sabes qué pasa?
Negué con la cabeza.
—Que un Mundial dura mucho.
Suspiré.
—Ya...
Volvió a escribir algo en una libreta. Entonces pareció pensar en algo. Una sonrisa apareció lentamente en su cara. No me gustó esa sonrisa. Cada vez que sonreía así... era porque se le acababa de ocurrir una locura.
—¿Qué?
—Nada.
—Pedro González.
—Nada.
—Te conozco.
Se levantó del sofá. Cogió el móvil. Y empezó a escribir un mensaje.
—¿A quién escribes?
—Espera.
Cinco minutos después sonó su teléfono. Lo descolgó.
—Sí... era justo lo que quería preguntarte.
Fruncí el ceño.
¿Preguntarle qué?
—Sí, claro... lo entiendo... perfecto... muchísimas gracias.
Colgó. Se giró hacia mí.
—Haz la maleta.
Parpadeé.
—¿Qué?
—Que hagas la maleta.
—¿Para qué?
—Porque...
Sonrió.
—...te vienes conmigo.
Tardé unos segundos en procesarlo.
—¿Qué...?
—La Federación ha dado permiso para que me acompañes los primeros días del Mundial. Mamá y papá no pueden venir por el trabajo, así que hablaron conmigo y... bueno...
Seguía mirándolo sin reaccionar.
—¿Lo dices en serio?
—Completamente.
—¿Voy a viajar con la selección?
—Sí.
—¿Voy a conocer a todos?
Asintió. Me levanté de un salto.
—¡¡AAAAAAAAAH!!
Empecé a correr por toda la casa mientras gritaba. Mi madre apareció otra vez.
—¿Ahora qué pasa?
—¡¡ME VOY AL MUNDIAL CON PEDRI!!
Silencio. Mi madre miró a mi padre. Mi padre miró a Pedri. Pedri levantó las manos.
—No ha sido idea mía... bueno... un poco sí.
Mi padre soltó una carcajada.
—Pues ya puedes empezar a hacer la maleta.
Subí las escaleras corriendo. Abrí el armario. Saqué ropa sin mirar. Camisetas. Sudaderas. Vaqueros. Zapatillas. Todo acabó encima de la cama. Me senté un momento. Respiré hondo. Y sonreí yo sola. No tenía ni idea de que aquel viaje iba a cambiar mi vida por completo. Porque entre miles de aficionados... entre un Mundial... entre entrenamientos... y entre los mejores jugadores de España... había alguien que, sin saberlo, estaba a punto de poner mi mundo patas arriba. Y todavía no tenía ni idea de quién era.
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A un latido de ti
FanfictionNunca imaginé que un simple viaje con la selección española acabaría convirtiéndose en la mejor y la peor decisión de mi vida. Porque enamorarse ya es complicado... Pero de hacerlo de la persona equivocada lo cambia absolutamente todo.
