Bienvenida al mundo

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​Ese día, a diferencia de otros, Axel se encontraba preparando la cena para ambos. Yoon, por su parte, cada día tenía más dificultades para moverse e incluso para realizar sus tareas habituales.
​-Amor... -esbozó Yoon con calma; una serenidad que pocas veces mostraba, pero que apenas lograba disfrazar el profundo nerviosismo que sentía-. Los dolores están comenzando. Desde hace unas dos horas siento una ligera presión -continuó.
​Axel dejó de inmediato lo que estaba haciendo para girarse a verlo. En ese instante, el lado más protector del Alfa emergió de golpe, cargado de una angustia y un miedo que intentaba disimular sin mucho éxito.
​-¿Dolores? ¿Quieres decir que nuestro frijol ya va a salir?
​Yoon notó el pánico en la voz de Axel. Respondió permitiéndose mostrar esa fragilidad que raras veces sacaba a la luz ante alguien:
​-Amor, sí -dijo, con la voz impregnada de emoción-. Apenas es un dolor pequeño. Supongo que durante la noche se hará más intenso hasta que rompa fuente.
​Yoon se llevó las manos al vientre mientras miraba fijamente a su amado con cierto temor.
​-O sea, ¿que ya? -el nerviosismo de Axel se volvió palpable mientras comenzaba a buscar a toda prisa su móvil para llamar al médico.
​La pareja había decidido tener un parto en agua en casa y ya tenían la habitación de la bebé completamente preparada.
​-Aguanta, amor, aguanta... -repetía Axel una y otra vez, quizás intentando reconfortar a Yoon y, de paso, a sí mismo.
​Al ver a su novio igual o más alterado que él, Yoon quiso darle tranquilidad:
​-Amor, solo dile al médico que esté preparado, no hace falta que venga aún. Mejor ayúdame a caminar por la casa para dilatar más rápido -pidió con voz suave.
​-Es mejor que esté aquí, cariño, tenemos que estar preparados -respondió Axel tras llamar rápidamente a las niñeras para que cuidaran a los demás niños. Luego se acercó a Yoon-. No puedo creer que mi frijol ya vaya a nacer... -confesó. Se le escuchaba menos agitado y más en confianza-. Estoy tan feliz y nervioso a la vez.
​Aquellas palabras sirvieron para que Yoon finalmente se relajase un poco.
​-No quiero que el médico me esté hostigando -se permitió expresar su incomodidad-. Quiero estar tranquilo hasta el último momento.
​Como respuesta, Axel se inclinó y besó dulcemente el vientre abultado de Yoon.
​-Mi frijol, tus papás te estamos esperando aquí -murmuró acariciando la zona-. Todo va a salir bien, ¿sí? Todo saldrá bien.
​Axel se incorporó, dejó un beso en los labios de Yoon, tomó sus manos y ambos salieron a caminar al jardín.
​Establecieron una rutina: caminaban quince minutos y descansaban media hora. Así pasaron varias horas en las que las contracciones se volvieron progresivamente más fuertes, extensas y continuas. Cerca de las dos de la mañana, la fuente finalmente se rompió. Sin embargo, las caminatas continuaron casi una hora más, espacio en el que se permitieron hablar de los nombres.
​-Entonces, si es niña, ¿cómo te gustaría llamarla? -preguntó Axel, intentando mitigar el dolor de Yoon con su tono cálido-. Porque si es niño, he estado pensando en llamarlo Daemin.
​La emoción en los ojos del Alfa era imposible de ocultar. Yoon, apretando el brazo de Axel del cual se sostenía firmemente, respondió:
​-Es un nombre bonito, me gusta. A mí también me gustan Towa y Setsuna... no sé qué te parezca... -Yoon miró a los ojos a Axel, pero la intensidad de una nueva ola de dolor no le permitió continuar con la selección-. Amor, ya no puedo más. Llévame a la habitación, por favor -su voz fue apenas un hilo. Hasta ese momento se había hecho el fuerte, pero ahora estaba al borde de las lágrimas.
​Al notarlo, Axel lo tomó con firmeza en brazos y lo cargó hasta el dormitorio, acomodándolo con cuidado en una mecedora.
​-¿Estás cómodo? ¿Necesitas algo? -preguntaba Axel mientras le masajeaba los pies a Yoon.
​Para ese momento, el médico ya se encontraba en el lugar preparando todo. Las horas siguieron corriendo y los dolores se intensificaron, pero el cuerpo de Yoon no cooperaba del todo: no había avance en la dilatación. Ante el estancamiento, el médico sugirió trasladarlo al hospital para realizarle una cesárea. Axel intentaba convencer a Yoon de aceptar el traslado, pero el Omega se negaba entre lágrimas, aterrado de pensar que en cualquier momento perdería el control de la situación y no podría oponerse más.
​Más de veinticuatro horas después, pasadas las dos de la mañana del día siguiente, el cuerpo de Yoon comenzó a actuar de manera involuntaria, contrayéndose y pujando. El médico, que no se había alejado en ningún momento, lo notó de inmediato y se apresuró a llenar la piscina inflable con agua tibia.
​Introdujeron a Yoon totalmente desnudo en el agua. Axel entró con él, rodeándolo por detrás para ayudarlo a mantener una posición cómoda y firme. Los minutos pasaban y Yoon pujaba entre gritos de agotamiento.
​-¡Se ve su cabello! -anunció el médico a una de las parteras.
​Apenas cinco minutos después, entre un último grito de dolor, el llanto fuerte de un recién nacido resonó en la habitación.
​-¡Es una niña! -exclamó el médico con una emoción que rivalizaba con la de los propios padres.
​Yoon, completamente exhausto tras treinta y seis horas de trabajo de parto, se dejó caer sobre el pecho de Axel. Hizo un esfuerzo sobrehumano para abrir los ojos cuando el médico se acercó para colocarle a la pequeña sobre el torso. Con las pocas fuerzas que le quedaban, sostuvieron a la bebé entre sus manos aún sumergidos en la piscina.
​-Dios, es tan linda... -susurró Axel, dejando besos sobre el hombro de Yoon mientras acariciaba la cabecita mojada de su hija-. Me habría odiado a mí mismo si me hubiese perdido este momento.
​Yoon no tenía energía para hablar; cada ápice de fuerza lo usaba exclusivamente para sostener a su pequeña.
​La recién nacida calmó su llanto en cuanto Yoon le susurró al oído:
​-Bienvenida al mundo...
​La bebé abrió levemente los ojos, pareciendo reconocer el calor y la voz de sus padres.
​-Parece que ya se dio cuenta de que no está ahí dentro -sonrió el médico antes de tomar suavemente a la pequeña para pasársela al pediatra, quien procedió a examinarla.
​-Necesitas un baño de agua tibia, amor -le susurró Axel al oído.
​-Sí... quiero ducharme y recostarme en la cama -murmuró Yoon intentando ponerse de pie, aunque sus piernas no le respondían.
​Axel lo volvió a cargar en brazos y lo llevó al cuarto de baño. Limpió con delicadeza el cuerpo de ambos mientras en la habitación el personal médico dejaba todo impecable.
​-Estoy tan feliz... Tenemos una familia hermosa y al fin se ha unido nuestra princesa -murmuró Axel al tiempo que terminaba de asearlo. Yoon, a esas alturas, parecía más dormido que despierto-. Te amo muchísimo.
​Instantes después, tras ser acomodado en la cama, Yoon cayó en un sueño profundo que duró el resto de la noche y gran parte de la mañana.
​Casi al mediodía, Yoon finalmente despertó. La bebé estaba recostada a su lado, en medio de Axel y de él. El Alfa no había dormido en toda la noche por quedarse velando el sueño de su Omega y de su cachorra. Al ver a su novio tan atento, Yoon sonrió con ternura.
​-En un hospital no habrías podido estar así con nosotros... -murmuró.
​Axel le devolvió la sonrisa y, mirándolo directamente a los ojos, le preguntó:
​-¿Tienes algún nombre planeado para la bebé?
​Yoon, disfrutando de la presencia y los cuidados de su pareja, asintió con una tenue sonrisa:
​-Kaittlynn... ¿Qué tal si tú le pones el segundo nombre?
​La mirada de Axel se iluminó con esa ternura que solo Yoon conocía.
​-Kaittlynn es hermoso, me encanta -se quedó en silencio unos segundos, pensándolo-. ¿Qué tal... Juliette?
​Yoon repitió el nombre completo en voz alta para palpadear cómo sonaba:
​-Kaittlynn Juliette Cox Kim...
​Un brillo especial iluminó los ojos del Omega.
​-Me encanta cómo suena. Ese será el nombre de nuestro frijolito.
​Sellaron el momento con un beso pausado, cargado de promesas de amor, protección y una vida juntos.

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