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"PROLOGO"

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La pantalla del viejo televisor en la sala de Peter parpadeaba con estática. No era raro; el edificio de Queens era tan antiguo como las deudas de su inquilino. Pero esa noche, entre anuncios de pizza a domicilio y ofertas de seguros que nadie podía pagar, apareció algo distinto.

La imagen se distorsionó.

Un fondo negro y blanco, como cinta VHS desgastada. Letras rojas, sangrientas y temblorosas, se formaron en la pantalla:

“¿CANSADO DE SER POBRE?
EL LOBO FEROZ ESTÁ SUELTO.
CÁZALO. TRAE PRUEBA.
RECOMPENSA: 500.000 DÓLARES
Solo para aquellos lo suficientemente locos como para intentarlo.”

Debajo, una imagen granulada. Una figura alta, encorvada, con pelaje que parecía moverse por sí solo. Ojos que no parpadeaban. Una sonrisa demasiado ancha para cualquier hocico natural. El audio crepitó con una voz grave y distorsionada:

—Ven... pequeño cerdo... o pequeño héroe... da igual. Todos terminan en mi estómago

Peter Parker soltó el sándwich de mantequilla de maní que apenas podía permitirse. Su traje de Spider-Man estaba colgado en el armario, remendado con hilo de colores distintos. La nevera estaba más vacía que su cuenta bancaria.

May estaba bien, pero el alquiler, la universidad, las reparaciones del traje... todo pesaba como un camión sobre sus hombros.

De repente, la ventana se abrió de golpe y un cuerpo rojo y negro cayó dentro como un saco de papas.

— ¡Ta-da! ¿Viste eso, Spidey? ¡Quinientos mil dólares! ¡Podemos comprarte un traje nuevo que no parezca hecho por tu tía con resaca y comprarme a mí... bueno, más chimichangas! O un país. O un planeta. ¡O los dos! —Deadpool se levantó de un salto, quitándose nieve de la pantalla inexistente de su máscara.

—Wade, ¿cómo entraste? —preguntó Peter, ya resignado.

— La ventana estaba cerrada, pero mi sentido arácnido me dijo “déjalo entrar, es un buen día para cazar lobos psicópatas”. O tal vez fue el hambre. Difícil distinguir.

Peter se pasó una mano por la cara.
— No es real. Es... uno de esos anuncios falsos, te puedo asegurar que es un hombre disfrazado. La gente los hace para asustar. El Lobo Feroz no existe. Es solo una leyenda de los tres cerditos retorcida.

Deadpool se acercó al televisor, que ahora mostraba solo estática. Golpeó la pantalla con el dedo.

— Amigo, yo he visto cosas. He estado en universos donde los caretas comen gente y donde un payaso flota en alcantarillas. Si un lobo de cuento de hadas decide volverse creepypasta y ofrecer dinero de verdad... yo digo: ¿por qué no? Tú necesitas la pasta. Yo necesito acción. Y ambos necesitamos no morir de aburrimiento.

Peter miró el anuncio congelado en su mente. Esos ojos... no parecían falsos. Había algo en la forma en que la imagen se movía, como si la criatura supiera que lo estaban viendo.

—Wade... si esto es real, ese “lobo” ha matado gente. Niños. Familias. Es un monstruo.

Deadpool desenfundó una de sus katanas y la hizo girar.

— Exacto. Y nosotros somos los idiotas con poderes que van a cobrar la recompensa. Tú saltas bonito, yo me regenero. Es un plan infalible. Además, si morimos... ¡al menos moriremos ricos! O medio ricos. O en deuda. Pero con estilo.

Peter suspiró profundamente. Sabía que se arrepentiría. Sabía que esto no era solo cazar a un criminal. Había algo antinatural en ese anuncio, en esa sonrisa estática.Pero la nevera estaba vacía. Y el alquiler vencía en tres días.

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