Las luces cálidas del salón bañaban todo el recinto con un resplandor dorado y sereno. La música se deslizaba entre las mesas con suavidad y elegancia, entrelazándose con risas sinceras, el tintinear de copas y murmullos alegres que llenaban hasta el último rincón.
Era una escena perfecta, tal como se imagina una boda, o como se desea guardarla para siempre en la memoria.
En el centro del salón estaban los recién casados, irradiando una alegría tan evidente que era imposible no sentirse arrastrado por ella.
Sailub apoyaba una mano suavemente sobre la cintura de Thanya con protección y ternura absoluta, con la otra sostenía una copa de cristal cuyas paredes doradas recogían y devolvían cada luz del salón como pequeños destellos brillantes. Su traje negro caía impecable sobre su cuerpo, marcando con elegancia cada uno de sus movimientos naturales y sereno, pero lo más destacado era su mirada, en ella se leía claramente todo el amor inmenso y sincero que sentía por la mujer a su lado.
Thanya, envuelta en un vestido blanco que descendía en delicadas capas de seda y encaje, parecía flotar en su lugar. El velo descansaba ahora sobre sus hombros, y su cabello suelto, adornado con pequeñas flores naturales, enmarcaba un rostro encendido por la felicidad.
Cuando Sailub se inclinó para susurrarle algo al oído, ella dejó escapar una risa íntima, de esas que nacen sin esfuerzo. Por un segundo, apoyó la frente contra su pecho, cerrando los ojos, como si quisiera grabar ese instante en lo más profundo de su memoria.
Desde una de las mesas, en un rincón que parecía deliberadamente apartado del resto, estaba Pon, sosteniendo una copa cuyo frío había dejado de percibir hacía ya un buen rato.
El nudo en su garganta no desaparecía.
Apretó un poco más la copa, sus ojos clavados en Sailub mientras este reía por algo que uno de los invitados acababa de decir.
Era tan feliz que dolía.
Innumerables de veces había imaginado este momento, se había repetido una y otra vez que podría soportarlo, pero la realidad no se parecía en nada a lo que había ensayado en su mente. Ninguna de sus versiones lo había preparado para cuánto iba a doler verlo felizmente casado con la persona que él amaba.
Una sonrisa amarga se asomo apenas por la comisura de sus labios.
Debería estar feliz, debería levantarse, caminar hasta él, abrazarlo fuerte y decirle cuánto se alegraba, debería bromear, llorar un poco y celebrar con ellos.
Si, debería, pero su pecho ardía.
Cada vez que veía a Sailub inclinarse suavemente hacia su esposa, cada vez que rozaba con el pulgar su mano con ese gesto tranquilo y acostumbrado, cada vez que la miraba con esa ternura profunda que Pon conocía demasiado bien, algo dentro de él se retorcía, lento y doloroso.
No era envidia, o tal vez sí.
Pero no de ella, envidiaba su lugar. Ese espacio que nunca le había pertenecido.
Cerró los ojos un instante. Su mente viajó años atrás, cuando conoció a Sailub siendo unos simples estudiantes de secundaria. Recordaba cada detalle, el cómo Sailub irrumpió en el salón de clases, tarde en su primer día, con el cabello despeinado y esa actitud despreocupada que contrastaba por completo con la rigidez característica de Pon.
Sailub era quien terminaba sentadose a su lado y quien iniciaba las conversaciones, para Pon estaba bien, después de todo, nunca habían sido un buen hablador y menos haciendo amigos.
Con el paso del tiempo se volvieron inseparables, tan unidos que parecían formar una sola pieza, como si hubieran nacido para estar juntos y no pudieran entenderse por separado.
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Reparar en ti (SailubPon)
FanfictionIntentar reunir cada fragmento roto de un ser que sufre parece, a primera vista, lo más noble que se puede hacer. Sin embargo, es también el acto más arriesgado, aunque brote del amor, puede acabar desgastándote hasta romperte también a ti.
