Antes de todas las cosas.
Mucho antes de que los pueblos levantaran sus ciudades, antes de que los caminos atravesaran sus bosques y las grandes montañas fueran nombradas, el mundo había sido muy diferente. Los ancianos contaban que, en los primeros días de la creación, la tierra había recibido una energía desconocida. Aquella fuerza había recorrido los mares, las montañas, los bosques y los cielos, dando vida a todo cuanto existía. Pero aquella energía era demasiado poderosa para permanecer libre.
Los primeros sabios descubrieron que podían concentrar esa energía en fragmentos de una pureza extraordinaria. Después de muchos años de estudio y sacrificio, consiguieron crear siete cristales. Cada uno poseía un color diferente y contenía una parte de aquella energía primordial.
Durante generaciones, los cristales fueron utilizados para proteger las tierras y ayudar a los pueblos. Sus poderes permitieron que los campos fueran fértiles, que las ciudades prosperaran y que las enfermedades y calamidades pudieran ser enfrentadas.
Pero los sabios sabian algo que cambiaría para siempre el destino del mundo, que los cristales podían utilizarse por separado o podían reunirse, para con esto conseguir liberar el poder supremo.
Para contener este poder construyeron un lugar sagrado en el corazón de toda la antigua civilización: el Solarium.
Seis grandes estructuras rodeaban un punto central, formando una figura perfecta. En cada una debía colocarse un cristal, mientras que el séptimo, el más grande de todos, ocupaba el centro. Cuando los siete cristales se reunían, sus poderes dejaban de ser independientes; se convertían en uno. Y ese poder podía alterar el equilibrio mismo del mundo. En este punto los antiguos sabios comprendieron entonces que habían creado algo que jamás debió caer en manos de un gobernante, porque los cristales no obedecían al bien ni al mal, obedecían al propósito de quien los reunía.
Durante muchos años intentaron mantener aquel conocimiento oculto. Pero el secreto no podría permanecer enterrado para siempre.
La guerra de los cristales
100 años atrás, reinos comenzaron a enfrentarse por el control de los cristales, lo que había sido creado para proteger al mundo se convirtió en la causa de una guerra que se extendió durante décadas, ejércitos enteros marcharon sobre las ciudades, reyes traicionaron a sus aliados, pueblos completos fueron obligados a abandonar sus hogares, las montañas se llenaban de cadáveres y los bosques quedaron reducidos a cenizas, algunos cristales cambiaron de dueño tantas veces que su ubicación terminó siendo desconocida, pero hubo un hombre que comprendió antes que nadie el verdadero poder que poseían, su nombre era Vaelor Noctis.
Vaelor había sido uno de los más brillantes estudiosos de su época, había visto con sus propios ojos cómo los pueblos sufrían mientras sus gobernantes luchaban por poder, territorio y riqueza, para él, aquella guerra no era una consecuencia del poder de los cristales, era una consecuencia de la libertad de los hombres de hacer lo que quisiesen, Vaelor llegó a creer que mientras cada pueblo pudiera elegir su propio destino, siempre existirían conflictos, la conclusión a la que llego fue terrible, pero para él tenía sentido: Si todo el mundo obedecía a una sola voluntad, nadie tendría motivos para luchar y poco a poco esa idea lleno su cabeza, esa voluntad sería la suya.
Vaelor comenzó a buscar los siete cristales, cuando consiguió reunir varios de ellos, los antiguos guardianes comprendieron lo que pretendía. La guerra alcanzó entonces su punto más oscuro, Vaelor llegó hasta el Solarium, Allí se libró la última batalla, nadie supo jamás cuánto duró; algunos relatos hablaban de días, otros aseguraban que la batalla había durado apenas unas horas, lo único que quedó registrado fue la destrucción, el poder liberado por los cristales sacudió los pueblos, las montañas se partieron, los mares cambiaron su curso, una enorme erupción cubrió de cenizas las tierras cercanas, ciudades enteras desaparecieron, el cielo permaneció oscuro durante meses y cuando finalmente terminó la batalla, el mundo que existía antes de ella había dejado de existir, los guardianes lograron impedir que Vaelor completara el ritual, pero no pudieron destruirlo.
Utilizando el último poder que les quedaba, sellaron a Vaelor lejos del mundo conocido y dispersaron los cristales, edificando poderosas torres con guardianes en los diferentes pueblos, en donde con su vida, generacion tras generacion protegerian cada cristal. Después destruyeron los caminos que conducían al Solarium. La antigua civilización cayó.
El mundo que volvió a nacer
Pasaron generaciones, las ruinas quedaron cubiertas por la naturaleza, los volcanes se enfriaron, los bosques volvieron a crecer sobre las tierras destruidas, los sobrevivientes levantaron nuevos pueblos y, con el paso del tiempo, nuevos reinos. Así nació el mundo que las generaciones posteriores conocerían, la guerra se convirtió en una historia, la historia se convirtió en una leyenda, la leyenda terminó convirtiéndose en un cuento que los padres relataban a sus hijos, los siete cristales dejaron de existir para la mayoría de las personas, el Solarium se convirtió en una ruina perdida y que todo hombre desconocida su razón de ser, el nombre de Vaelor fue olvidado, durante un siglo, los pueblos conocieron una paz imperfecta, hubo conflictos, hubo pérdidas, hubo pueblos que pasaron hambre y reinos que volvieron a enfrentarse pero el mundo continuó adelante, hasta que algo comenzó a cambiar, primero fueron pequeños acontecimientos, antiguas ruinas comenzaron a emitir una luz que nadie había visto durante siglos, en lugares muy alejados entre sí aparecieron extraños resplandores, algunas criaturas que se creían extintas regresaron de las regiones más profundas y en las noches más oscuras comenzaron a verse luces en las montañas, estos resplandores eran los antiguos sellos, ya estaban debilitándose y alguien, en algún lugar, había comenzado a buscar los cristales.
El regreso de Vaelor
Muchos habían olvidado su nombre, pero Vaelor no había olvidado el mundo, durante el siglo que había permanecido encerrado, observando desde su prisión cómo los reinos volvían a levantarse y había visto nuevos reinos emerger, nuevas guerras, nuevas generaciones sufrir por las mismas razones que las anteriores, su convicción no había desaparecido se había estado alimentando mas y mas y por el contrario, se había vuelto más fuerte, Vaelor ya no deseaba simplemente gobernar, quería terminar con el sufrimiento, quería crear un mundo donde ningún pueblo tuviera que volver a experimentar una guerra, donde ningún niño perdiera a sus padres, donde ningún reino pudiera destruir a otro, sus ideas seguían siendo nobles, pero para conseguirlo estaba dispuesto a quitarle al mundo aquello que consideraba la causa de todos sus males: la libertad de elegir.
Cuando finalmente consiguió liberarse, no regresó solo, a su lado aparecieron unas siniestras figuras que se convertirían en sus principales servidores.
Morgrath, el Titán de Ceniza.
Nyxis, la Sombra Silenciosa.
Y Varok, el Colmillo del Vacío.
Juntos comenzaron a buscar los cristales en silencio, sin llamar la atencion, su propósito era reunirlos nuevamente en el Solarium, pero esta vez no habría guardianes suficientemente fuertes capaces de detenerlos...
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La muerte del sol
FantasyLa historia gira alrededor de Kael Arven del pueblo de Elaria, quien tendrá que recolectar los miticos cristales solares para poder traer estabilidad en el mundo que se encuentra en el colapso debido a que Vealor tambien busca los cristales para su...
