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Todo cambió cuando la vida obligó a Erling a dejar Noruega.

Su hermano mayor, Bjorn, había conseguido una beca para estudiar la preparatoria en Inglaterra y su madre tomó la decisión de mudarse con sus dos hijos. Creía que empezar de nuevo en otro país sería lo mejor para ellos, una oportunidad para dejar atrás el pasado y construir una nueva vida desde cero.

Para Bjorn era un sueño hecho realidad.

Para Erling... era el inicio de su peor pesadilla o mejor?

El primer día de clases fue mucho más difícil de lo que imaginó. Apenas cruzó la puerta del salón, las miradas comenzaron a clavarse sobre él. Algunos estudiantes se rieron por su largo cabello rubio y no tardaron en empezar los comentarios y las burlas.

—¿Eres niño o niña?

—Parece princesa.

Las risas resonaban en el salón mientras Erling solo bajaba la cabeza, intentando fingir que nada de eso le afectaba.

Pero sí lo hacía.

Y Mucho.

Amaba su cabello. Lo había cuidado durante años y era una de las pocas cosas que realmente le gustaban de sí mismo. Sin embargo, el miedo a seguir siendo el blanco de las burlas terminó pesando más que el cariño que le tenía.

Al día siguiente apareció con el cabello corto.

Nadie supo cuánto le había dolido tomar esa decisión.

Y Erling siempre había sido muy tímido. Le costaba iniciar conversaciones y prefería mantenerse en silencio antes que llamar la atención. Durante semanas apenas habló con alguien.

Hasta que entró al equipo de fútbol.

Todo cambió desde el momento en que pisó la cancha.

Con el balón en los pies dejaba de ser el chico inseguro del salón para convertirse en alguien completamente distinto. Seguro, rápido y talentoso. Parecía que había nacido para jugar. Su esfuerzo y disciplina comenzaron a dar frutos, ganando medallas y reconocimiento hasta convertirse en uno de los jugadores más destacados de la escuela.

Y ahí fue donde conoció a Jude Bellingham.

Jude también era una de las mayores promesas del equipo. Compartía el mismo amor por el fútbol y poseía un talento increíble. No pasó mucho tiempo para que ambos se convirtieran en la dupla favorita de los entrenadores. Se entendían con solo mirarse, como si cada pase y cada movimiento hubieran sido ensayados durante años.

Fuera de la cancha seguían siendo reservados.

Jude se llevaba bien con todos, pero nunca sintió la necesidad de hacer más amigos. Prefería mantener las distancias y concentrarse en lo que realmente le importaba.

Y, sin darse cuenta, Erling empezó a convertirse en esa única persona con la que siempre quería compartir cada entrenamiento, cada victoria... y cada momento.

 y cada momento

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—¡Jude!

Erling lo llamó una vez.

Y luego otra.

Pero no obtuvo respuesta.

Jude llevaba los audífonos puestos, completamente absorto con Wonderwall, su canción favorita. Tenía los ojos cerrados y movía ligeramente la cabeza al ritmo de la música, tan concentrado en la letra que ni siquiera notó que Erling llevaba varios minutos intentando llamar su atención.

La paciencia del noruego duró exactamente cinco segundos más.

Con un suspiro exagerado, comenzó a sacudirlo por los hombros.

—¡Judy! ¡Te estoy hablando! ¿Acaso me estás ignorando, pequeño ignorante?

Jude abrió los ojos de golpe y se quitó uno de los audífonos. Pausó la canción mientras soltaba una pequeña risa.

—Qué pesado eres... Estaba disfrutando un momento de paz escuchando mi canción favorita. ¿Qué pasa ahora, Erling?

El rubio hizo un enorme puchero antes de dejar de sacudirlo. Después se sentó a su lado en la banca y lo miró con unos ojos que parecían los de un cachorro regañado.

Jude puso los ojos en blanco.

Era imposible no reírse.

Le resultaba increíblemente tierno que alguien tan alto, fuerte e intimidante como Erling pudiera hacer esa clase de muecas por cualquier cosa.

—Deja de hacer ese puchero y dime qué quieres. ¿Pasó algo?

Erling infló las mejillas unos segundos más antes de rendirse. Se levantó, tomó su mochila y sujetó el balón que descansaba a sus pies.

—Solo quería preguntarte si querías ir a mi casa... Mi mamá me compró una PlayStation nueva y pensé que podríamos jugar FIFA juntos.

Jude arqueó una ceja y comenzó a guardar sus cosas en la mochila.

—¿Así que para eso casi me arrancas un brazo?

Erling soltó una risa nerviosa.

—Bueno... sí.

Jude negó con la cabeza mientras sonreía de lado.

—Eres un caso perdido, Haaland.

Se colgó la mochila sobre un hombro y comenzó a caminar hacia la salida de la escuela.

—Vamos, pero te advierto una cosa...

Erling levantó la mirada de inmediato.

—¿Qué cosa?

Jude sonrió con esa confianza que tanto lo caracterizaba.

—Que vas a perder. Soy el mejor jugando FIFA.

Erling rodó los ojos con una sonrisa divertida y salió corriendo detrás de él.

—¡Eso ya lo veremos, Bellingham! ¡No llores cuando te gane!

Las risas de ambos resonaron por el pasillo mientras abandonaban la escuela, sin imaginar que aquella amistad, construida entre balones, videojuegos y tardes interminables, terminaría cambiando sus vidas para siempre

Amor confuso Cerita yang bikin terobses. Temukan sekarang