Gilberto Mora, la nueva promesa del fútbol mexicano, y Kenneth, el sonriente integrante de la famosa banda Santos Bravos, tienen apenas diecisiete años cuando el destino los une en un pasillo durante la inauguración del Mundial. Lo que comienza con...
"Hay personas que llegan a tu vida con un simple accidente. Lo que nunca imaginas es que ese accidente terminará destruyéndote."
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El rugido del estadio era ensordecedor. Más de ochenta mil personas gritaban al mismo tiempo mientras miles de banderas verdes, blancas y rojas ondeaban bajo las luces que iluminaban la cancha. Era el partido inaugural del Mundial.
Y también el primer partido de Gilberto Mora con la Selección Mexicana. Con apenas diecisiete años, todavía le costaba creer que estaba ahí.
Mientras sonaba el himno nacional, observó las tribunas completamente llenas. Respiró profundo. "No la riegues." Era la única frase que repetía en su cabeza. Cuando el árbitro pitó el inicio del encuentro, todo dejó de importar. Ya no existían las cámaras, ni la prensa. Ni los millones de personas viendo el partido, solo existía el balón. Y el sueño que llevaba persiguiendo desde niño.
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En otra parte del estadio...
Los integrantes de Santos Bravos ocupaban uno de los palcos especiales. Habían sido invitados por la FIFA para presentarse durante algunos eventos del torneo y aprovecharon para asistir al partido inaugural.
—¡México, México! —gritaba uno de los integrantes mientras agitaba una bandera.
Todos reían. Todos menos Kenneth. Él observaba atentamente el partido, no era precisamente fanático del fútbol. Pero había un jugador que, desde que apareció en la pantalla gigante durante las alineaciones, llamó completamente su atención.
El comentarista mencionó su nombre. —"...Y con ustedes, el debutante de esta noche... Gilberto Mora."
La cámara enfocó al joven futbolista.Cabello oscuro, mirada seria, concentrado, nervioso.
Kenneth sonrió sin darse cuenta. —Está bonito.- dijo sin pensarlo.
—¿Qué dijiste? —preguntó Alejandro frunciendo el ceño.
Kenneth se sobresaltó. —¿Eh?... Nada.
—Te escuché perfectamente kenneth.
—Que... juega bien- respondió un poco nervioso, mientras seguía mirando aquel jugador.
Las burlas comenzaron inmediatamente. —Ajá...
—"Juega bien."— comentaba Gaby mientras seguía riendo.
—Claro— Kenneth rodó los ojos mientras escondía una sonrisa.
Ni él mismo entendía por qué no podía dejar de mirar al chico que corría por toda la cancha.
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Noventa minutos después...
El silbatazo final hizo explotar el estadio. México había conseguido una victoria inolvidable. Los jugadores se abrazaban, algunos lloraban, otros saludaban a las gradas.