Prólogo: Agosto a octubre de 2024
No fue nada glamoroso. No hubo alfombras rojas ni flashes, solo un repentino y violento aguacero que rompió el pesado calor de agosto en la costa italiana y los hizo a ambos correr a refugiarse.
Bibi había estado sentada en la terraza de una pequeña taberna junto a un acantilado, con la cabeza entre las manos mientras subrayaba con fuerza las líneas de un guion que —le aterraba pensarlo—, jamás vería la luz. Cuando el cielo se cayó, agarró sus papeles y pegó la espalda contra la pared de estuco de la taberna, temblando bajo el estrecho toldo de lona.
Un segundo después, una figura alta con una chamarra impermeable oscura se metió debajo del mismísimo toldo, sacudiéndose la pesada agua de sus rizos oscuros. Memo Ochoa había estado intentando huir de un paparazzi local particularmente insistente en su día libre de su club en la costa.
Estaban parados a medio metro de distancia, empapados. Memo miró a la chica que temblaba aferrada a su guion. Notó la cadencia familiar del español que murmuraba por lo bajo mientras intentaba secar sus papeles frenéticamente.
—¿Chilanga? —preguntó Memo con suavidad, reconociendo el inconfundible acento de la Ciudad de México.
Bibi levantó la vista, y sus ojos muy abiertos se clavaron en los de él. —¿Y tú?
—De Guadalajara, originalmente. Pero la tierra es la tierra —sonrió Memo, y la tensión en sus hombros se esfumó al instante.
La lluvia no paró durante horas. Abandonaron el toldo y se metieron a un pequeño y oscuro reservado en una esquina de la taberna. No hablaron de su agotador contrato de fútbol, ni de su película independiente. Solo compartieron una botella de vino tinto barato de la casa, riéndose de su nostalgia mutua, del antojo de unos buenos tacos y del consuelo de encontrar un pedacito de México en medio de la tormenta.
Cuando por fin escampó, intercambiaron números. Se suponía que sería un salvavidas para dos extranjeros en Italia. Pronto se convirtió en el centro de su universo.
Durante tres meses, existieron en una burbuja perfecta e intocable. Las calles empedradas del pequeño pueblo costero les daban el anonimato total. Para los locales, no eran el capitán de la Selección Mexicana ni la futura protagonista de cine. Pero en la silenciosa privacidad de su departamento, la armadura se caía. Aquí él no era El Capitán.
Para ella, solo era Guillermo.
Pasaban las tardes cocinando en la apretada cocina del departamento rentado de Bibi. La intimidad entre ellos creció a paso firme, pasando de largas caminatas nocturnas a una tensión pesada y eléctrica que chisporroteaba en aquel pequeño espacio.
Una noche, mientras la lluvia repiqueteaba contra las ventanas del departamento, la tensión finalmente estalló.
Bibi estaba parada junto a la estufa, riéndose de un chiste malísimo que Memo había hecho mientras se volteaba para pasarle un plato. Pero Memo no tomó el plato. Sus ojos oscuros estaban fijos completamente en ella, la mirada bajando hacia sus labios rosados, cargada de un hambre repentina y desesperada. Estiró la mano, tomó el plato suavemente de sus manos y lo dejó a ciegas sobre la barra.
Antes de que Bibi pudiera hablar, Memo invadió su espacio; sus manos encontraron su cintura y la atrajeron de golpe contra su pecho. La besó... con fuerza, con pasión y de forma totalmente absorbente.
—Guillermo.
Bibi jadeó suavemente contra sus labios, el nombre escapando como un secreto. Sus manos se deslizaron por el pecho de él y se enredaron en sus gruesos rizos mientras le devolvía el beso con la misma desesperación feroz y contenida.
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Baile Inolvidable
FanfictionDurante un año, Memo Ochoa y Bibi P. Luche interpretaron sus papeles a la perfección. Él era el intocable héroe nacional en el campo de juego; ella, la radiante estrella revelación de la gran pantalla. Nadie sabía de aquellas noches lluviosas de ver...
