Hay ciudades que duermen cuando cae la noche.
Y luego estaba Aurelia.
Una ciudad donde el sol parecía marcar apenas el comienzo de la verdadera vida. Cuando las últimas luces del atardecer desaparecían sobre la costa, las calles comenzaban a llenarse de carruajes y automóviles antiguos, las marquesinas se encendían una tras otra y el aire se impregnaba del sonido de la música, las risas y los aplausos.
Aurelia era el lugar donde nacían los artistas y morían los sueños de quienes no estaban dispuestos a luchar por ellos.
A un lado de la ciudad, el paseo marítimo brillaba con un encanto imposible de ignorar. Las familias recorrían el malecón mientras la brisa del mar acariciaba los rostros de los visitantes. Las montañas rusas se elevaban sobre el horizonte, los carruseles giraban sin descanso bajo miles de bombillas doradas y la enorme rueda de la fortuna iluminaba la costa como un faro visible desde casi cualquier rincón de la ciudad.
Pero Aurelia no solo vivía del espectáculo.
También escondía un rostro que muy pocos se atrevían a mirar.
Bastaba con alejarse unas cuantas calles de las avenidas principales para llegar a Las Sombras, un barrio del que todos hablaban en voz baja. Allí las luces apenas alcanzaban a atravesar la niebla, las callejuelas parecían interminables y cualquier desconocido que se adentrara sin conocer el lugar podía desaparecer sin dejar rastro. Incluso la policía evitaba recorrer ciertas calles cuando caía la noche.
Sin embargo, nada definía tanto a Aurelia como sus teatros.
Porque, por encima de los parques, los hoteles, los cafés y las interminables avenidas iluminadas, existían dos escenarios capaces de detener a toda la ciudad cuando abrían sus puertas.
Dos teatros.
Dos compañías.
Dos formas completamente distintas de entender el arte.
Durante décadas habían competido por el favor del público, por las mejores funciones y por el honor de ser considerados el mayor orgullo de Aurelia. Cada estreno era un acontecimiento. Cada ovación se convertía en una victoria. Cada artista soñaba con pertenecer a uno de ellos.
Y entre bastidores, donde el público jamás podía mirar, nacían amistades, rivalidades, promesas, traiciones y secretos capaces de cambiar una vida para siempre.
Porque, detrás del brillo de las candilejas, no todo era tan perfecto como parecía.
Mientras un maestro de ceremonias luchaba por mantener vivo el legado que había heredado de su familia, una joven acróbata llegaba dispuesta a empezar de nuevo, dejando atrás un pasado del que no resultaba tan sencillo escapar.
En una ciudad donde cada función podía cambiar un destino y cada aplauso tenía un precio, el verdadero espectáculo apenas estaba por comenzar.
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Candilejas
FantasyAurelia era la ciudad donde nacían los sueños y donde las luces de los teatros nunca se apagaban. Entre sus calles llenas de música y espectáculos, dos grandes escenarios competían por convertirse en el corazón del arte: el Starlight Theatre y el Ec...
